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8 de septiembre de 2017

Carta a quien no volverá

Hola,

No creo que vayas a leer esto. Sé que es el resultado más probable... y cada vez que lo pienso, se me cae el alma a los pies.

Soy consciente de que me odias. Aunque no fue mi intención, te hice mucho daño. Aunque intenté explicarme, no logré conseguirlo, y siento que de todas mis palabras solo quedaron las que podían herirte más. Y por todo eso, cuando quise intentar tender lazos de nuevo, ya era demasiado tarde.

Ambos hemos seguido viviendo nuestra vida. No sé que habrá sido de ti, y deduzco que tú tampoco tienes idea del camino que he recorrido. Muchas veces he pensando en intentar una vez más acercarme a tu senda, pero te hice una promesa que no pienso incumplir.

Y duele. Vaya si duele.

¿Sabes? Después de perder a mi abuelo, pensé que estaba más preparado para soportar este tipo de situaciones, pero no es cierto. Es nuevo para mi que alguien no esté en mi vida por decisión propia después de haber compartido tanto como he compartido contigo. Me cuesta asumir la situación, y aunque me he comprometido a respetar tu decisión... En el fondo, no soy capaz de gestionarlo de forma adecuada.

Ojalá las cosas fueran distintas. Ojalá pudiera tenerte en mi vida, como una amiga, y poder hablar de todo como hablábamos cuando salíamos. Ojalá pudiera ver como consigues tus metas, conquistas tus miedos, rompes tus prejuicios y alcanzas la felicidad. Ojalá pudiera ayudarte en los momentos en los que te pudiera hacer falta, recordarte lo muchísimo que vales y hacerte reír llorando una vez más. Y ojalá, egoistamente, ojalá tú representaras eso mismo en mi vida.

No quiero olvidar, ni tergiversar mis recuerdos. Solo estoy buscando una forma de lidiar con ellos, porque los dos tenemos que seguir hacia delante...

Aunque cada vez que pienso que nunca vas a leer esto, el alma se me cae a los pies.

Con cariño, y deseándote lo mejor,

Isma

3 de junio de 2017

Carta en botella, por si llega

Si estás leyendo esto, hay dos posibilidades. Puede que seas la destinataria de mi carta. Puede que no lo seas. No voy a decir específicamente para quién va esto, claro, no es así como funcionan estas cosas. Si te sientes identificada, si sabes que es a ti a quien va, por favor, léeme hasta el final.

Hace ya 10 meses que pasó todo eso. El tiempo vuela... Pero quiero que sepas que he pensado en ti cada día desde ese momento. Y que me duele muchísimo no poder estar ahí, y que tú no puedas estar aquí. Me duele, y quizá hasta me obsesiona el no saber si hay algo que esté en mi mano que pueda cambiar todo esto.

Llevo todos estos meses reflexionando, dándole vueltas. Todo lo que hice, dije, sentí y pensé. Y todo lo que no. Se qué he hecho cosas bien y cosas mal, y hay cosas que no sé si realmente fueron las correctas o no... Sobre esos días, sobre todo el camino que nos llevó desde que nos conocimos hasta allí, sobre todo lo que me ha llevado a mi desde el día que nos despedimos hasta hoy...

Da igual cuanto piense, siempre llego al mismo muro. ¿Qué piensas tú? ¿Qué sientes? ¿Por dónde te ha llevado la vida? ¿Me odias? ¿O quizá podrías perdonarme?

Dudas...

Quizá estoy siendo muy duro conmigo mismo. En el fondo, se que realmente hice lo que tenía que hacer, porque te prometí ser siempre sincero contigo. Me hubiera gustado poder llevarlo mejor, poder lograr que fuera menos hiriente para ambos, poder haber estado en todo momento a la altura... Pero aún así creo que, dentro de todas mis limitaciones y errores, lo hice lo mejor que pude, y siempre pensando en ti, aunque no me creas.

Pero no quiero convertir esta carta en una excusa barata. Lo que quiero es romper con mis dudas de una maldita vez. Quiero hablar contigo, quiero pedirte que, una vez más, te abras a mi, y que me dejes abrirme a ti. Quiero poder contarte como me siento, quiero saber que piensas tu ahora... Quiero cerrar heridas, y construir una amistad contigo.

Porque has sido una persona excepcionalmente importante para mi. Más de lo que te puedes imaginar. Junto a ti he reído y he llorado, he viajado y me he quedado en casa, he hecho lo de siempre y cosas nuevas... Nunca voy a olvidar todo el tiempo que hemos pasado juntos, y ya no puedo contar mi historia sin concederte focos de protagonista en una parte de la misma. Y precisamente en honor a todo eso, y a todo lo que significas para mi, precisamente por eso me encantaría que siguieras formando parte de mi vida.

Dudo que leas esto, la verdad. Pero si lo lees, a estas alturas ya deberías saber que te estoy hablando a ti. No se aún cuando, pero contactaré contigo de nuevo. Y me encantaría que pudiéramos hablar de tu a tu en esta ocasión, sin formalidades, sin tiranteces, sin frialdad. A donde nos lleve eso... Ya se verá. Pero por lo menos dame la oportunidad de que ambos podamos terminar de cicatrizar. Yo al menos lo necesito para poder seguir adelante.

Se feliz, y no te olvides de que te sigo queriendo un montonazo.

Un abrazo

Isma

7 de julio de 2015

Carta al hacedor de nobles pájaros

Una de las pocas cosas en las que quizá estemos de acuerdo en relación a comportamiento es que Internet es un lugar genial para los dramas. Vemos la imagen de un niño pasando hambre y nos volvemos gilipollas dando likes, creyendo que eso quizá sirva de algo. Y luego el tiempo pasa, y el viento se lleva nuestros recuerdos de esa injusticia que nos tocó el corazón.

Supongo que así me siento ahora leyendo tu mensaje. No me malinterpretes, lo que quiero decir es que me siento yo como ese gilipollas. Porque tengo el impulso de querer decir algo, pero siendo sinceros, no se si debería. Al fin y al cabo, no se por lo que estás pasando realmente, apenas te conozco y, ante todo, no se si soy la persona adecuada.

De todos modos, ya que tú has hecho un acto de valentía (o al menos de “correr para delante”), si no te parece mal, yo voy a hacer lo mismo, ¿vale? Te lo planteo a lo trato: no tienes por qué responder, ni darte por aludido. Ni seguir leyendo a partir de aquí si no quieres. Pero así matamos dos pájaros de un tiro: yo hago lo que mi conciencia me dicta que es correcto, y lo que mi corazón me indica que debo hacer por un colega (permíteme llamarte así, aunque no nos conozcamos tanto. Puedes pensarlo como el “collegues” inglés)…Y a ti quizá te presten las palabras. O al menos te rías un rato.

Lo primero, sin ser tan pretencioso como para soltar un “lo sabía”, permíteme que te diga que me sorprende la existencia del mensaje, más que su contenido. Supongo que sabrás por qué: aquella “conversación” por Twitter. Lo entrecomillo porque Twitter, como siempre dice Andrade, es un pésimo medio de comunicación, que pierde muchos matices. Tanto que puede convertir algo que podía ser un debate interesante en un diálogo de besugos. Si algo te molestó de lo que dije aquella vez, que sepas que lo siento de corazón, y que si algún día te apetece, podemos charlar de ello en persona, y así conocer mejor cada uno el punto de vista del otro.

Por otro lado… Las grullas. Nobles pájaros, sin lugar a dudas. Leí el otro día (entre ayer y desde que tengo uso de razón) que las personas nos sostenemos por “rituales”. Un ritual no es más que una costumbre algorítmica, un conjunto de pasos para hacer cualquier cosa que siempre es así. Los rituales funcionan como pegamento en nosotros, y son capaces de atar las partes de nuestro ser cuando este se rompe. Supongo que para ti las grullas se han convertido en una suerte de ritual. Y ellas, en si mismas, la prueba de que has cumplido con otra iteración victorioso…

Ya se que no digo nada nuevo, es decir, nada que tu no sepas o hayas dicho. Realmente no se muy bien que quiero escribir. Voy un poco en automático, porque quiero evitar caer en las chorradas de siempre. No creo que alguien como tú necesite consejos, mantras, “dietas milagro” de la mente ni cosas así. Al menos, al hombre que yo (poco) conozco es más práctico. Navaja de Ockham. Así que solo me queda intentar ver si entiendo algo de todo lo que has escrito.

Defines la depresión como una jaula que te impide ver más allá, como dejar de ser tú. Luchar contra ella, entonces, es como tratar de recordarte quién eres. Algo más que “apatía”. Una persona. De media, esto implica una cabeza, alguna cantidad de pelo, cuatro extremidades, un tronco, unos genitales. Un corazón y un cerebro, entre otras vísceras menos reseñables. Y algo, no muy claro, que hace que seamos conscientes de todo eso, y de lo que nos rodea.

Supongo que el problema de la depresión es que sustituye ese “algo poco claro”. Algo poco claro -> apatía. Entonces, sigues siendo cabeza, brazos, piernas, órganos… Pero no tú.

Supongo (y perdona que suponga tanto, porque no se) que el problema de eso es que es difícil de ver. La apatía, al final, es escurridiza. Literalmente, lleva la piel del ser al que sustituye. Y lo conoce mucho. Porque si no, digo yo, no podría encerrarlo…

No se por qué la depresión definida así me recuerda al Alzheimer. El Alzheimer borra nuestros recuerdos. Por ende, nos borra a nosotros. Sin embargo, en ambos casos existen “momentos de lucidez”. En ellos, la persona es plenamente consciente de dos cosas. La primera, de quién es (“soy yo”). La segunda, de que hay algo robándole eso.

Eso me lleva a pensar que la apatía tiene que tener algún punto flaco. Si no lo tuviera, tú no habría escrito ese mensaje, y yo no te estaría dando el coñazo con este texto. Aunque, si nos remontamos al principio, no tenías por qué leer si no querías. Así que si esta frase existe en tu mente, supongo que al menos te estará causando curiosidad.

Según Word, llevo 821 palabras (con el “palabras”, 822). Y siento que aún no he dicho nada que merezca la pena leer. Debería cortar ya, pero siento que hay algo que me gustaría decirte. Si fueras otra persona, si fuera otra situación, o si tuviera menos cerebro del que tengo, seguramente la diría. Pero es lo de antes, que no se si tengo derecho o no. Incluso puede sonar a burla… Y es lo que menos querría en esta situación.

Pero bueno, si tú eres capaz de ser tú, aunque sea a ratos, yo seré yo. Y como yo soy Filo, el puto tryhard, aquí va: ánimo. Y si algún día quieres… Si crees que va a servir de algo… Aparte de tirarme yo contra cinco, a veces, también puedo escuchar.


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18 de diciembre de 2014

Carta a un recién nacido

Querido niño:

Hoy no importa tanto mi nombre como el tuyo, pues hace escasos momentos tu reloj se ha puesto en marcha. Has nacido. Has llegado y has sido entregado a una madre exhausta, y a un padre preocupado. Te has convertido en una persona mas de este enorme mundo. Y eres pequeño y blandito, berreas aun cuando te hacen mimos, y a veces no dejas de llorar... Pero eres. Y eso te hace muy especial.

El lugar al que has llegado es frio y calido, acogedor y hostil, lleno de las mas fantásticas y terribles posibilidades. La gente aqui sufre y se alegra. Grita de dolor y alegria, de rabia y felicidad. Hacen de heroes y villanos. Y viven. Viven como tu vives...

Querido niño, tu mirada encoge mi corazón. Tu mirada de bebé, limpia. No tienes los destellos de cristal que tienen los que han vivido ya los avatares de la vida. Tus ojos muestran un alma lisa y uniforme, sin las perturbaciones de lo mundano. No es inocencia lo que veo... Es algo mucho mas primitivo. Una tabula rasa. Porque, querido niño, llevas tan poco en la tierra que aun eres tu mismo, sin las circunstacias que te rodean...

Querido niño, me pregunto como seran tus ojos cuando crezcas. Y creeme que me alegra y me aterra pensarlo. Tan pequeño y tan indefenso en un mundo tan voraz, tan hambriento... Pero eres una persona, y eso te llena de tantas posibilidades que, sin ti, querido niño, el mundo no podría ser el mismo...

Porque, querido niño, quisiera cuidarte. Porque te sentirás perdido y solito, tendrás hambre y frío, te tratarán mal quienes deberian amarte...

Pero no, me digo. La vida nunca es tan aberrante. Porque ya hay quien te vigila, quien te guía y te mima, te da de comer y te abriga, y te quiere sin esperar nada de tu parte... Porque hasta la persona más deleznable tiene manos amigas que buscan ayudarle...

Me quedaría más tiempo a hablarte, querido niño, pero he de ausentarme. Te beso la frente con cariño, y me despido, pues te llama tu gente, los que saben cuidarte. Pero si me permites la atrocidad de dejar una muesca en tu corazón, la primera de tantas que vienen, que sea por una buena razón...

Hagas lo que hagas, querido niño, se feliz siempre.

Sinceramente tuyo,


Alguien que vive, como tú.

29 de mayo de 2014

Re: Carta a aquello que se añora

Querido yo,

Quiero decirte que, casi un año después, he recibido tu carta. Supongo que realmente no he cambiado tanto desde que me escribiste, porque una vez más, me encuentro añorando...

Si pudieras leerme, me gustaría darte esperanza. Decirte que llegará un punto en que esos problemas que te perturban dejarán de ser. Que te espera una etapa muy dura, casi eterna, y una fugacidad prácticamente perfecta. Que tus expectativas más infantiles se han cumplido. Que, seguramente, con tu visión de aquel entonces, yo debería ser prácticamente el hombre más feliz...

Por desgracia, me he dado cuenta de que es bastante probable que tú hayas sido más sabio que yo. Porque tú tenías esperanza, y yo he tenido que conseguirla de tus líneas. Tú tenías la realidad clara, y has tenido que recordármela. Que en el fondo me agarraba (y quizá me agarro) a esas cosas que tú identificaste, y que yo, hasta que te leí, no supe ver.

Si pudieras leerme, me gustaría que me dieras esperanza. Porque quizá necesito que te lleves la que tengo y me des la que conservo. Tú que tanto añoras, tú que sientes que ya no te queda nada que añorar, tú que al fin y al cabo eres un yo, se supone, más inexperto, tú eres quien debe aconsejarme. Decirme como lo hemos hecho hasta ahora. Porque a veces creo que, por dejar de añorar, olvido lo importante...

Por desgracia, al final esta carta nunca llegará a su destinatario. Quizá llegue a otras manos, espero que más expertas, que puedan entonar una carcajada nostálgica, sonriendo al pensar en este día, como yo sonrío al pensar en ti... Ya que, al fin y al cabo, los problemas pasados los vemos como granos de arena, y los presentes como pesadas piedras.

Si pudieras leerme, al final, te daría las gracias. Porque de una forma u otra... me has dado lo que necesitaba. Porque todo lo que preciso lo tengo ya, aunque quizá el problema es que me da miedo seguir el camino, por miedo a alejarme... Sin darme cuenta de que parado me aseguro lo que temo.

Pero por suerte... Al final siempre hacemos lo correcto. O al menos, lo mejor que sabemos hacer.

Gracias por tu carta. Créeme que la necesitaba.

Un saludo,

FF

10 de junio de 2013

Carta a aquello que se añora

Hola,

Soy quien siempre he sido y quien he dejado de ser. Estoy aquí hoy por lo mismo de siempre... lo que nunca te esperarías. Para preguntar. 

¿Sabes qué es lo más complicado de vivir? Recordar. Porque el recuerdo engaña, magnifica, empequeñece, distorsiona, acelera, retarda y perturba de todas las formas posibles lo que ya no es. Atormenta en los momentos felices y consuela cuando más alerta deberías estar. Porque el recuerdo es esa bendita maldición que nos mata al mantenernos con vida...

¿Recuerdas a alguien especial que ya no está? Seguro que si. Un amigo, una ex, un familiar, un profesor, alguien que fue capaz de encenderte el corazón con el fuego más puro que existe... Y que se extinguió. Primero él, pensabas. Luego tú. Porque lo has olvidado, aunque ahora su ausencia te perfore el pecho...

¿Y reencontrar? ¿Quién no ha soñado con el primer amor? ¿No te has reencontrado nunca con alguien que hacía mucho que había desaparecido, supuestamente para siempre? Y ves a esa persona frente a ti... y no eres capaz de recordar qué era eso tan especial que te daba calor en el pecho...

Un batiburrillo de ideas recorre mi mente esta madrugada. No puedo evitar pensar que me he equivocado en muchas cosas. Que no vi en la gente quienes eran, sino quien buscaba. Que no echo de menos a la persona, sino al lazo con ella. Que no amé nada mas que al Amor quimérico que rodeó siempre mis pensamientos...

"Carta a aquello que se añora". Añoro añorar. De verdad. Saber que hay algo fijo a lo que volver... Añoro pensar que el tiempo no me cambiaría, que las cosas buenas siempre lo son, que la sonrisa amiga no se convertirá nunca en una expresión de extrañeza. Añoro pensar que tengo un lugar al que volver, unos brazos a los que volver a abrazar para compartir tiempos que parecen tan lejanos que, a veces, pienso que nunca existieron... Tan tan lejos que me tengo que preguntar si los he vivido o son una fantasía cinematográfica...

A la vez me doy cuenta de que si quiero añorar, la única forma es avanzar. Que el tiempo no se para. Que no existe la inmortalidad humana, y que la eternidad no se mide en la escala del hombre. Que no soy más sabio por ser más sufrido, ni más tonto por equivocarme en los pasos que camino. Que no importa que ya no sea poeta, filósofo, gaiteiro, videojugador, niño, estudiante y tantas cosas que me asusta dejar de ser "como antes". Que Filosente ya no tiene significado, igual que no lo tiene Ismael, pero no por eso es peor nombre...

No se trata de echar de menos quien he sido. Las cosas tienen final porque tienen principio... Y quizá si me da miedo morir... Es simplemente por miedo a dejar de ser yo, y no poder echarlo de menos...

Paseo por ruinas que fueron grandes edificios. Veo carteles de neón apagados que con sus luces me atrajeron mil y una noches. Esto es mi pasado. Y el titilar futuro me hechiza y me aterra... Sonrío irónicamente, pues me siento agarrotado, como el Palo que una vez fui...

Añoro añorar. Añoro mi pasado. Añoro esos "días felices" que no volverán a ser como antes. Añoro a gente, a sentimientos. Añoro lugares, añoro gestos, añoro actitudes. Añoro lo bueno que ya no lo es tanto y lo malo que no era tan terrible... Pero se que cuando lea esto, vete tú a saber cuando, también añoraré esta etapa y todo lo que representa. Añoraré ser joven, ser "medio ingeniero", ser un viciado con tiempo para ello. Añoraré esta habitación y este portátil. Añoraré esta madrugada de lunes, y ese sentimiento que se escapará al tratar de recordarlo.

Añoraré añorar. Una vez más.

Por eso te escribo hoy. A Ismael, a Filosente, al pasado y al presente. A mi mismo con cariño, de parte de quien he sido y de quien he dejado de ser. Porque estoy hoy aquí por lo mismo de siempre... lo que nunca te esperarías. Para preguntar.

¿Me añora lo que añoro?

No te agobies, no espero respuesta... 

Quien tú ya sabes

19 de diciembre de 2012

Carta a quien ya no camina conmigo

Ha pasado un tiempo...

Oh, perdona la intromisión. Supongo que es algo un poco anacrónico, ¿no? Que aparezca ahora, digo. Así como quien no quiere la cosa. Un "¡hola! ¿Qué tal nos hemos levantado?", dicho después de días, semanas, o meses sin vernos...

Te voy a ser sincero: a veces te echo de menos. Más de lo que te imaginas. Porque mi vida ha seguido, claro. Sigo avanzando, como siempre te he dicho que hago. La vida no espera por aquellos que deciden no vivirla un tiempo, ¿sabes? Por eso camino. Aunque hay veces que echo la vista atrás, y.. bueno, y ahí estás.

Sois muchos los que habéis pasado por mi vida. Eso es bueno, significa que no lo estoy haciendo del todo mal... Todos jugamos con nuestros hándicaps y nuestros comodines, así que usar etiquetas para señalar avances es algo peliagudo, pero hay cosas que son invariables. Porque que haya gente que, como tú, habéis tocado mi corazón, eso no puede ser mala señal... A pesar de las tempestades, a pesar de los vientos...

Hoy me he acordado de ti, y no es la primera vez. Te he visto en la calle, han dicho tu nombre (no referido a ti, seguramente... ¡o sí!). Alguien que nos conoció juntos me preguntó que cómo te iba. O simplemente has venido de forma tan repentina como yo aparezco ahora. En mis recuerdos. En mis pensamientos. En estas líneas.

¿Sabes? Han pasado muchas cosas, estoy seguro. Pero... quien fuiste, esa persona para mi sigue viva. Siempre lo seguirá. Y te puedo asegurar que ese alguien sigue viviendo en mi. Soy quien soy por ti, por vosotros... No puedo olvidar tan pronto, ni siquiera tan tarde. No quiero hacerlo... aunque sea por el puro egoísmo de no perderme. De no perder aquellas palabras que, un día, me hicieron temblar.

Supongo que es hora de marchar... es lo bueno de los anacronismos, que son (somos) como un soplo de viento: en el momento en el que más parece que te revuelven los cabellos, es cuando desaparecen... Y bueno, tú sabes que yo siempre he sido algo viento...

Solo quería decirte, por última vez, lo mucho que te aprecio. Que te quiero, y que espero que, en el curso de tu vida, un día te vuelvas tú atemporal por un momento, y me des una sorpresa parecida. Porque me gusta hacer que la gente se sienta especial, pero no me importa que me hagas, que me hagáis sentir especial a mi también. Ya lo hacéis, de hecho...

Ya lo haces.

Sinceramente tuyo,

Filosente.

P.D: todas las felicitaciones, sonrisas y lágrimas que te debía

8 de mayo de 2012

Carta para ti

Doy gracias por que me oiga quien quiera oirme, y pido que me lea quien me merezca y a quien merezca, mas ahora esta carta no es para alguien genérico. Esta carta es para ti.

Se que me estás leyendo. Es decir, el hecho de que exista la frase anterior así lo manifiesta. Me estás leyendo, y quizá me has leído antes. O puede que me hayas encontrado de casualidad. Es lo bueno de Internet, que conoces sin conocer y desconociendo de antemano.

Esta carta es para ti, porque hoy quiero hablar contigo. Charlar, tontamente, sin mayor pretensión que compartir unos instantes a tu lado. Porque me he dado cuenta de que esos segundos, aparentemente comunes, son las verdaderas perlas de mi vida. Que cuando añoro a alguien, lo añoro más en los pequeños detalles que en las grandes cosas.

Hay gente que les llama defectos. Yo les llamo pequeños detalles. Lo vi de pequeño en una película, y es una frase que me ha quedado. Una muletilla repetida hasta la exhasperación, una broma tan gastada que pierde su sentido para convertirse en una nueva realidad, un gesto, una costumbre... ¿Que por qué son tan importantes? Pues porque si eres consciente de ellos, es porque has pasado mucho tiempo con esa persona...

Fíjate en ti y en mi. Apenas llevamos unos minutos juntos. Y creo que ya podría decir algo de ti. Fijo que estás en tu postura de siempre para leer en el PC. Ya sabes, esas cosas que hace la gente: mano en la boca (mordiéndote/chupándote un dedo), o en la barbilla. Golpecitos rítmicos en el borde del teclado, simulando tu piano/flauta/trompeta/guitarra/loquesea. Hacer girar un lápiz/boli. Ese algo que haces siempre, aunque no te des cuenta.

Llevamos ya unos minutos conversando. O al menos para ti es una conversación. Para mi es un mensaje en botella, que te envío intentando anticiparme a tus respuestas. Conversar contigo desde mi.

Podría estar haciendo algo productivo con mi tiempo... Galletas. O estudiar. Pero no.

Sigamos.

Lo que más me gusta de hablar con la gente es escuchar lo que no dicen. Miradas, tics, palabras-ovillo. Estas últimas son las que más me gustan. Son esas palabras que dices, con un significado especial que solo tu, o en su defecto otra persona, puede llegar a comprender. Suelen parecer fuera de tono en la conversación, pero detrás de si encierran una maraña de historias y sentimientos. Por eso lo de "ovillo".

¿Palabras-ovillo mía? Bueno, hay muchas. "Pino", "girasol", "maybe in other life", "enamorarse del amor", "shur", "teta en ASCII", "Floyd", "coquille", "ieso", "nana", "candado", "mafioso", "rosa amarilla", "talla", "marruán", "tía", "Noé"...

Todas esas palabras conforman un gran porcentaje de mi vida. Creo que solo con ellas podría recordar casi toda mi historia. Por eso te las confío a ti. ¿Que no las entiendes? No pasa nada, quizá en otra charla pueda explicártelas...

Para acabar esta carta, te invito a que me hables de ti. Sabes como contactar conmigo. Comentarios, por ejemplo. O un correo. Incluso una carta-bomba a mi domicilo. Dime algo de ti. De como eres, de tus palabras-ovillo, o cualquier cosa. Simplemente por conocernos mejor. Después de todo... Esta carta es para ti. No estaría de más que contestaras.

Un saludo,

Filosente.

1 de abril de 2012

Carta a quien la oiga

Mirame a los ojos si me ves. Sosténme la mirada, aunque sepas que escruto tu alma con ello. No te voy a juzgar, solo quiero ver tu historia, para poder decirte, sin mayores pretensiones, que te entiendo.

Te entiendo, y no te lo digo por consolarte. Te entiendo porque soy persona, como tú. Y puede que no de la misma forma, pero he pasado por lo que tú has pasado, y he odiado a la vida. He visto con impotencia como mis sueños se rompían, la gente se iba, los pedestales cedían, como mi cuerpo y mi mente se quebraban como el cristal.

Escúchame cuando te mire a los ojos. Te entiendo. Me han llamado loco por como vivo la vida, me han dicho que seguía un callejón sin salida, me han despreciado como a la mierda más miserable en el pie de la persona más abyecta de la faz de la Tierra. Me han odiado, insultado, pegado, herido, humillado.

Llora si quieres llorar. No te voy a juzgar por ello. Porque te entiendo. Yo también he amado y he visto como era rechazado. Me he sentido usado y utilizado. He visto como todas mis emociones las guardaban en una bolsa de basura con destino a un vertedero de corazones rotos. Me he sentido vacío, y nada ha merecido la pena.

Déjame que te abrace. Aunque tengas miedo. Te entiendo. Yo también he sido débil y he tropezado mil veces. Me he sentido solo. Solo. SOLO. Aún estando rodeado de gente. He visto como todos me miraban y señalaban preocupados, montando una algarabía sin sentido. Porque no me entendían.

Cálmate. No eres un bicho raro. O sino, lo somos los dos. Yo te entiendo. Se todo por lo que has pasado, porque la vida no es más que un conjunto de hilos de colores que sostienen a marionetas diferentes. Hay hilo color amor y color felicidad, color odio y color tristeza, color esperanza y color desesperanza. Y hay muchas marionetas, con cuerpos parecidos, pero cada una con una cara diferente...

Pero tú eres más que una marioneta.

¡Corta los hilos! ¡No dejes que solo la vida cuente tus historias! ¡Discute el argumento con el titiritero! Es TU vida. ¡Solo tuya! No dejes que te digan lo contrario. Eres TU. ¡Eso importa! Porque solo si eres tú podrás ser para los demás.

Se que a lo mejor en algún momento en tu vida perdiste la fe en el amor, en las personas, en los ideales, en las acciones, en ti mismo. Te paraste en el camino, entre un destino doloroso y un futuro incierto. Viste un cruce igual de negro en todas sus rutas. No te odies por ello. Si has sabido ver tu duda, es que estás en el buen camino, despues de todo.

No temas amar. ¿El amor que le diste a esa persona fue tirado? ¡NO! ¡Ese amor está ahí! Y va a volver a ti. Cuando amas, y amas de verdad, cuando amas al Amor y a alguien, el Universo entero estará de tu lado. El Universo es el mayor romántico que existe, y se compinchará contigo en secreto para acercarte a esa persona que se muere por conocerte. Abre tu corazón, y dáselo al que solo querría verlo feliz, desde lejos, toda la vida.

Mírame otra vez. ¿Estás sonriendo? ¿Aunque sea tímidamente? Es normal. A todos nos gusta esa sensación. Porque no me has leído a mi, ¿verdad? No has leído cuatro líneas genéricas mal escritas. Has leído TU HISTORIA, tu vida. Has leído al capullo de tu primer novio, dejándote tirada. Has leído a la chica que te despreciaba por no ser un modelo. Y has leído a esa persona que te abraza por la espalda, con la que cruzas tímidas miradas, esa persona que aún no ha aparecido, o que ha vivido contigo siempre. Prométeme que no la dejarás escapar, y que no la culparás si alguna vez te falla, porque te quiere. Y mucho.

Ahora si que es una sonrisa. Es normal. A todos nos gusta que nos digan esas dos palabras...

Te entiendo.

21 de enero de 2012

Carta a quien la merezca

Disculpa mis torpes palabras. Es el único inicio que puedo darte. No hay forma de que me acerque a lo que quiero decir con ellas, pero es el único modo de comunicarme que tengo.

¿Empezamos?

Yo lo que anhelaba era una señal. Una palabra. Un gesto descuidado. Una mirada. Un susurro. Una llamada. Un mensaje. Un rumor.

Algo.

No se exactamente por qué lo esperaba, pero era algo inamovible. No sabía cuándo, pero tenía que suceder. ¿Cómo no iba a ser? Era impensable.

Me fijaba en todo y en todos. No sabía la naturaleza de mi faro, así que cualquier destello podía ser el que buscaba. Tenía que estar atento en cada momento, pues podía ser que ese fuera el segundo.

Así aprendí a observar a la gente. Miraba a sus caras y leía en sus ojos. Podía ver lo que sentían y como lo sentían con la misma facilidad con la que tú lees estas líneas.

Era mi don, y lo apreciaba, ya que me confería seguridad a la hora de relacionarme con la gente.

Hasta que apareciste tú.

No recuerdo exactamente como nos conocimos, si es que nos hemos conocido. Podría improvisar algo bonito solo para que sonrieras con esa sonrisa que me encanta por conocerla tan bien... o quizá porque nunca la he visto. Pero al final nuestra historia la... ¿sabemos...? ¿sabremos...? bueno, solo tú y yo.

El caso es que me perdí en tus ojos. Es una expresión desgastada, lo sé, con mucha carga de "libro trillado del romanticismo". Pero ya te pedí perdón al principio por eso. No se me ocurre otra forma de expresarlo...  Te miré y te vi diferente que el resto de días. Te miré por primera vez, no se si de forma metafórica o literal. Pero te miré, y eso fue, o será, especial para mi.

Quizá lo que me sorprendió de tu mirada fue el color de tus ojos, su forma, su brillo o alguna de esas señales físicas en la que a los que nos creemos poetas nos gusta regodearnos para hablar de lo que no sabemos decir. O quizá fue algo más metafísico. O puede que ninguna de ambas. No sabía que señal buscaba, asi que puede que hasta la ausencia de las mismas fuese el código acordado.

No se si me puse (o me pondré) nervioso en tu presencia o fui capaz de hacer acopio de alguna treta de actor novato. Quizá intenté (o intentaré) hacerte sonreir con alguna bravata, o traté (o trataré) de impresionarte con una frase, también trillada, sacada de otro manuscrito polvoriento.

Te dije (o te diré) palabras que ningún otro mortal escuchará de mis labios, ni de mis teclas. Esa es la única verdad que pude (o podré) prometerte, porque es la única promesa que creo que puedo cumplir para conmigo mismo: no hay una palabra que sea igual para dos personas, pero tampoco habrá dos personas que reciban la misma palabra.

Fuiste, o serás, o quizá seas importante para mi. Y seguramente sabes que quizá hubo alguien que fue, es o será también alguien importante en mi vida. Pero al final, hasta que llegue la señal, nunca se quién fuiste, quién eres o quién serás. No soy una persona que olvide. Y puede que haya muchas cosas de por medio, incluso tú o yo, pero a pesar de eso nunca estoy tan lejos.

Por eso quiero que pedirtelo de nuevo: disculpa mis torpes palabras. Discúlpame cuando no te haya tratado, te trate o te trataré como te mereces. Cuando no haya sabido, no sepa o no sabré ver. Cuando no conseguiera, no consigo o no conseguiré perdonarte ni entender que, al igual que yo lo soy, tu también eres falible.

Disculpa mis torpes palabras. Es el fin que quiero darte. No hay forma de que me acerque a lo que quiero decir con ellas, pero es el único modo de comunicarme que tengo.