No se cuantas veces habré hablado de música en el blog. En eso, para variar, soy un tío raro. Tengo un oído regulero, que no malo. Toco gaita y flauta dulce, principalmente. Escucho una mezcla entre bandas sonoras de videojuegos, folk, parodias y melodías sueltas de grupos famosos.
Para mi la música, al igual que para tanta otra gente, es una parte indispensable en mi vida. Mi subconsciente me habla a través de canciones que tarareo cuando estoy despistado, indicando así mi estado de ánimo o preocupaciones. Es raro el día que no digite alguna chorrada en mi Hönner de seis euros de cuando iba en la ESO. Y silbo, silbo muchísimo a lo largo del día, y no se me da del todo mal.
Si en la poesía logro reflejar mi cerebro y mi corazón, mi música es más de instinto. Muchas veces toco buscando una sensación, o simplemente agotarme. "O son do ar" me ayuda a relajarme por pura fatiga. El "Title theme" de Ocarina of Time o "Kokiri Forest" son cuando busco algo más de estilo, de elegancia. Y canciones mata-ratos, muchísimas... ¡Si hasta mi proyecto en la carrera tuvo que ver con música...!
Cuando mi papel es de oyente, y no de intérprete, busco melodías que me ayuden a situarme en lo que estoy. En bachillerato, tenía piezas específicas para resolver problemas de matemáticas, por ejemplo. Ahora tengo "canciones de trabajo", que me ayudan a centrarme... Y controlar el tiempo, según el número de veces que le tengo que volver a dar al play.
Por todo esto, admiro profundamente a los músicos que me rodean. Tengo amigos pianistas, guitarristas, cantantes... Conozco muchos gaiteiros, de otra etapa de mi vida. Y en todos ellos he podido ver esa sensación de romper todos tus muros internos, de llorar, de reir, de vivir intensamente... Una sensación que pocas cosas puede producir.
Mi música no es la mejor, ni la más original. No soy yo el mejor músico, ni un crítico con un gusto soberbio. Pero me hace sentirme más vivo, más yo... Y, cuando puedo compartirla con los demás, o cuando ellos se atreven a desnudarse musicalmente ante mi, me hace sentirme más unido a quienes me rodean.
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15 de septiembre de 2016
27 de mayo de 2016
Muchas veces no se quién soy.
Vale, se que es una afirmación llana y tópica, pero no por ello menos cierta...
No se como explicarlo. Es una sensación de extrañeza al verme reflejado en un espejo y no reconocerme. No por grandes cambios. No por paso del tiempo. Simplemente, un desconcierto momentáneo al ver a un total desconocido donde debería estar yo.
También es una sensación rara al verme en mis recuerdos. Paseo entre las página de este blog y veo reflexiones, alegrías, preocupaciones, pérdidas, triunfos... Muchos me sobrecogen por su validez, y otros tantos que me extrañan en su lejanía.
La gente espera de mi reacciones, fruto de la rutina, que dejo de dar. Olvido mis frases características y mis pequeñas obsesiones, en pos de otras nuevas. Ya hace años que no utilizo "ieso" como muletilla, ni tengo un pequeño mechón de pelo en la nuca al que llamo "coletilla". Ya no soy estudiante. Ya no soy actor. Ya no soy poeta...
¿Ya no soy yo?
Lo peor de no saber quién eres, creo, es saber quien fuiste, supongo
Vale, se que es una afirmación llana y tópica, pero no por ello menos cierta...
No se como explicarlo. Es una sensación de extrañeza al verme reflejado en un espejo y no reconocerme. No por grandes cambios. No por paso del tiempo. Simplemente, un desconcierto momentáneo al ver a un total desconocido donde debería estar yo.
También es una sensación rara al verme en mis recuerdos. Paseo entre las página de este blog y veo reflexiones, alegrías, preocupaciones, pérdidas, triunfos... Muchos me sobrecogen por su validez, y otros tantos que me extrañan en su lejanía.
La gente espera de mi reacciones, fruto de la rutina, que dejo de dar. Olvido mis frases características y mis pequeñas obsesiones, en pos de otras nuevas. Ya hace años que no utilizo "ieso" como muletilla, ni tengo un pequeño mechón de pelo en la nuca al que llamo "coletilla". Ya no soy estudiante. Ya no soy actor. Ya no soy poeta...
¿Ya no soy yo?
Lo peor de no saber quién eres, creo, es saber quien fuiste, supongo
13 de marzo de 2015
No hay muchas cosas en la vida que den más palabras que ella misma, al menos para la reflexión. Contemplamos nuestra propia existencia desde un marco subjetivo, pero las pocas veces que somos conscientes de él y logramos abandonarlo, hallamos algo mucho más grande que nuestra propia insignificancia...
Palabras grandes para una pequeña persona, realmente.
Sinceramente, a medida que veo pasar mi propia vida, y que veo objetivos completados, triunfos, desastres y pequeñas calamidades de fácil arreglo, me cuesta más ser capaz de definir las cosas. Es como si fuera consciente de una ignorancia mucho mayor que toda la sabiduría que haya podido acumular. Como sentirte el pez grande de la pecera el momento antes en el que te tiren al río de nuevo... Y de ahí a un lago, a un mar, a un océano, a un planeta entero de agua, en un ciclo sin final...
¿Sabes que pienso? Que la vida es una carrera para ver cuan lejos llegamos en un sendero infinito. Te tienes a ti mismo de base, y a partir de ahí, adelante. No hay nada más que ese avance, y allá donde pares será bueno si para ti es suficiente. Sin maldad ni bondad asociada, sin otro juicio que el de tu conciencia...
Ese pensamiento me hace sentir pequeño y oprimido, pero a la vez grande y libre...
De aquí al día en que se vaya la luz en mis ojos, puedo hacer lo que quiera. Avanzar en esa senda, retroceder o girarle la cara, quedarme donde estoy. No estoy seguro de que consecuencias tendría eso en mi vida, porque entre lo que yo haga como ser terrenal y lo que yo avance en esa "senda mística" no tiene por que haber relación. Un triunfador en las finanzas puede ser una persona en cualquier punto de ese camino. Al igual que el más pobre. Al igual que tú. Al igual que yo...
Siento que es un viaje aterrador y fascinante, y que para abordarlo debo abandonar parte de mi naturaleza para asimilar otras partes. Sin temores ni ilusiones. Simplemente como quien se interna en el bosque, o el que sigue una carretera desconocida. Porque para volver siempre hay tiempo, pero para avanzar el tic tac no me perdonará...
Solo espero que en ese viaje no pierda todo aquello que he encontrado hasta aquí. Lucharé por ello, al menos. Porque sino, nada de esto tendrá ningún sentido.
25 de agosto de 2014
El tiempo pasa. Como un vendaval arenoso. Erosiona las cosas que sobresalen, y todo lo iguala. Crea un sitio para cada cosa... Y claro, para el tiempo yo no soy una excepción.
¿Sabes? Me acabo de dar cuenta de que este doce no suspiré añorando. Y que este dieciocho no he llorado. Que la noche del dos al tres me sorprendió despistado... Porque al fin y al cabo, son simples números. Por mucho misticismo, por muchas ilusiones que quiera darle. O que le hubiera dado en un pasado que, a día de hoy, cada vez queda más lejos.
Este día no tiene nada que lo distinga de los otros. Es especial porque lo vivo, sin más. Y, aunque se que no debería, este día los recuerdos me han hecho dar la vuelta un segundo, para mirar atrás... Y caray, ha sido toda una experiencia ver que he tenido que entornar los ojos para poder ver de donde he venido. Que mis huellas se pierden en el horizonte, y que las realidades están tan asentadas que parece imposible que vengan de donde vienen.
Hace nueve meses y tres días, me pedí una cosa. Me prometí a mi mismo que iba a ser libre. Y creo que no voy mal. Miro todas las ataduras que he roto, me veo reflejado en el espejo de mis propias exigencias, y veo alguien diferente en mi mirada. Al fin percibo cosas en mis ojos. He visto amor, he visto dolor, he visto risa y he visto lágrimas. Los he visto brillar, apagarse y reencenderse con fuerza...
El primer amor, dicen, nunca se olvida. Y esa persona, aún no siendo la primera en muchas cosas, tiene ese título para mi. Aún cuando me olvide, aún cuando me evite, aún cuando me aleje de su lado...
...pero eso es todo. Nunca se olvida, pero termina. Y hace meses que eso terminó. No hay una niña de ojos de luna charlando con un sol dorado a la orilla de mi corazón. Todo eso son chácharas de poetas tristes, que suspiran y recogen sus versos con la ilusión de saber que alguien vendrá a inspirar unos nuevos, más intensos por ser presentes, más vividos por ser recientes... Y mucho más fuertes, por saberse perecederos.
No hay más secretos que contar. No hay más regalos que entregar. No hay puertas cerradas en busca de llaves, no hay objeto sin encontrar, no hay un viaje anhelado. El púrpura vuelve a ser un color, la complicidad se ha ido y, ante todo, ese brillo se ha alejado de mi vida.
¿Anacrónico? Quizá. Ya digo, han pasado meses. Un día y medio por cada uno que duró. Pero mi vida sigue, y tengo que llegar tan lejos como ella me lleve. Más aún. Y está claro que, por mucho que digan los poemas, no todas las señoritas vuelven.
¿Sabes? Me acabo de dar cuenta de que este doce no suspiré añorando. Y que este dieciocho no he llorado. Que la noche del dos al tres me sorprendió despistado... Porque al fin y al cabo, son simples números. Por mucho misticismo, por muchas ilusiones que quiera darle. O que le hubiera dado en un pasado que, a día de hoy, cada vez queda más lejos.
Este día no tiene nada que lo distinga de los otros. Es especial porque lo vivo, sin más. Y, aunque se que no debería, este día los recuerdos me han hecho dar la vuelta un segundo, para mirar atrás... Y caray, ha sido toda una experiencia ver que he tenido que entornar los ojos para poder ver de donde he venido. Que mis huellas se pierden en el horizonte, y que las realidades están tan asentadas que parece imposible que vengan de donde vienen.
Hace nueve meses y tres días, me pedí una cosa. Me prometí a mi mismo que iba a ser libre. Y creo que no voy mal. Miro todas las ataduras que he roto, me veo reflejado en el espejo de mis propias exigencias, y veo alguien diferente en mi mirada. Al fin percibo cosas en mis ojos. He visto amor, he visto dolor, he visto risa y he visto lágrimas. Los he visto brillar, apagarse y reencenderse con fuerza...
El primer amor, dicen, nunca se olvida. Y esa persona, aún no siendo la primera en muchas cosas, tiene ese título para mi. Aún cuando me olvide, aún cuando me evite, aún cuando me aleje de su lado...
...pero eso es todo. Nunca se olvida, pero termina. Y hace meses que eso terminó. No hay una niña de ojos de luna charlando con un sol dorado a la orilla de mi corazón. Todo eso son chácharas de poetas tristes, que suspiran y recogen sus versos con la ilusión de saber que alguien vendrá a inspirar unos nuevos, más intensos por ser presentes, más vividos por ser recientes... Y mucho más fuertes, por saberse perecederos.
No hay más secretos que contar. No hay más regalos que entregar. No hay puertas cerradas en busca de llaves, no hay objeto sin encontrar, no hay un viaje anhelado. El púrpura vuelve a ser un color, la complicidad se ha ido y, ante todo, ese brillo se ha alejado de mi vida.
¿Anacrónico? Quizá. Ya digo, han pasado meses. Un día y medio por cada uno que duró. Pero mi vida sigue, y tengo que llegar tan lejos como ella me lleve. Más aún. Y está claro que, por mucho que digan los poemas, no todas las señoritas vuelven.
29 de mayo de 2014
Re: Carta a aquello que se añora
Querido yo,
Quiero decirte que, casi un año después, he recibido tu carta. Supongo que realmente no he cambiado tanto desde que me escribiste, porque una vez más, me encuentro añorando...
Si pudieras leerme, me gustaría darte esperanza. Decirte que llegará un punto en que esos problemas que te perturban dejarán de ser. Que te espera una etapa muy dura, casi eterna, y una fugacidad prácticamente perfecta. Que tus expectativas más infantiles se han cumplido. Que, seguramente, con tu visión de aquel entonces, yo debería ser prácticamente el hombre más feliz...
Por desgracia, me he dado cuenta de que es bastante probable que tú hayas sido más sabio que yo. Porque tú tenías esperanza, y yo he tenido que conseguirla de tus líneas. Tú tenías la realidad clara, y has tenido que recordármela. Que en el fondo me agarraba (y quizá me agarro) a esas cosas que tú identificaste, y que yo, hasta que te leí, no supe ver.
Si pudieras leerme, me gustaría que me dieras esperanza. Porque quizá necesito que te lleves la que tengo y me des la que conservo. Tú que tanto añoras, tú que sientes que ya no te queda nada que añorar, tú que al fin y al cabo eres un yo, se supone, más inexperto, tú eres quien debe aconsejarme. Decirme como lo hemos hecho hasta ahora. Porque a veces creo que, por dejar de añorar, olvido lo importante...
Por desgracia, al final esta carta nunca llegará a su destinatario. Quizá llegue a otras manos, espero que más expertas, que puedan entonar una carcajada nostálgica, sonriendo al pensar en este día, como yo sonrío al pensar en ti... Ya que, al fin y al cabo, los problemas pasados los vemos como granos de arena, y los presentes como pesadas piedras.
Si pudieras leerme, al final, te daría las gracias. Porque de una forma u otra... me has dado lo que necesitaba. Porque todo lo que preciso lo tengo ya, aunque quizá el problema es que me da miedo seguir el camino, por miedo a alejarme... Sin darme cuenta de que parado me aseguro lo que temo.
Pero por suerte... Al final siempre hacemos lo correcto. O al menos, lo mejor que sabemos hacer.
Gracias por tu carta. Créeme que la necesitaba.
Un saludo,
FF
Quiero decirte que, casi un año después, he recibido tu carta. Supongo que realmente no he cambiado tanto desde que me escribiste, porque una vez más, me encuentro añorando...
Si pudieras leerme, me gustaría darte esperanza. Decirte que llegará un punto en que esos problemas que te perturban dejarán de ser. Que te espera una etapa muy dura, casi eterna, y una fugacidad prácticamente perfecta. Que tus expectativas más infantiles se han cumplido. Que, seguramente, con tu visión de aquel entonces, yo debería ser prácticamente el hombre más feliz...
Por desgracia, me he dado cuenta de que es bastante probable que tú hayas sido más sabio que yo. Porque tú tenías esperanza, y yo he tenido que conseguirla de tus líneas. Tú tenías la realidad clara, y has tenido que recordármela. Que en el fondo me agarraba (y quizá me agarro) a esas cosas que tú identificaste, y que yo, hasta que te leí, no supe ver.
Si pudieras leerme, me gustaría que me dieras esperanza. Porque quizá necesito que te lleves la que tengo y me des la que conservo. Tú que tanto añoras, tú que sientes que ya no te queda nada que añorar, tú que al fin y al cabo eres un yo, se supone, más inexperto, tú eres quien debe aconsejarme. Decirme como lo hemos hecho hasta ahora. Porque a veces creo que, por dejar de añorar, olvido lo importante...
Por desgracia, al final esta carta nunca llegará a su destinatario. Quizá llegue a otras manos, espero que más expertas, que puedan entonar una carcajada nostálgica, sonriendo al pensar en este día, como yo sonrío al pensar en ti... Ya que, al fin y al cabo, los problemas pasados los vemos como granos de arena, y los presentes como pesadas piedras.
Si pudieras leerme, al final, te daría las gracias. Porque de una forma u otra... me has dado lo que necesitaba. Porque todo lo que preciso lo tengo ya, aunque quizá el problema es que me da miedo seguir el camino, por miedo a alejarme... Sin darme cuenta de que parado me aseguro lo que temo.
Pero por suerte... Al final siempre hacemos lo correcto. O al menos, lo mejor que sabemos hacer.
Gracias por tu carta. Créeme que la necesitaba.
Un saludo,
FF
17 de mayo de 2014
No tengo ni puta idea de relaciones.
Se que es un inicio que peca de soez y contundente, pero quiero que quede así de claro. No se NADA de relaciones humanas. Y cada día que pasa un poco menos. Así que es probable que esta entrada sea algo así como una de las estupideces más grandes que he escrito en este blog, pero os pido que entendáis el contexto que conforma mi enorme ignorancia.
Estos últimos días he tenido una tormenta de ideas, tanto propias como exteriores, acerca de las relaciones entre personas. Relaciones de amistad, relaciones entre hermanos, relaciones padre/madre-hijo, relaciones de pareja, relaciones laborales, relaciones académicas, relaciones profesionales, relaciones sexuales... Relaciones, relaciones, relaciones, relaciones.
¿Qué he sacado en claro de todo esto?
Que somos gilipollas.
(Si, de soez, vulgar, y de contundente, casi tonto)
¿Qué se supone que tenemos en mente cuando nos relacionamos con los demás? ¿Estamos atontados o qué? ¿Por qué convertimos las relaciones en cargas, en fuentes de dolor, en heridas, en compromisos? ¿Por qué nos dejamos llevar por las exigencias y los mitos, consideramos hitos importantes la palabrería barata e ignoramos las obras evidentes? ¿Qué se nos pasa por la cabeza para romper las relaciones que nos fortalecen y reforzar las que nos destruyen día a día?
¿Por qué hemos olvidado como comunicarnos en la era en la que estamos a un golpe de tecla?
Estoy muy frustrado por darme cuenta de que yo también he caído en la dichosa trampa. Frustrado por ver que cometo los errores que, me dije, nunca cometería. Enfadado por ver que la gente sigue equivocándose en lo mismo una y otra vez, y que soy incapaz de aprender nada de los supuestos errores que veo y achaqué a los demás.
Pero no me hagáis mucho caso. Al fin y al cabo, no tengo ni puta idea de relaciones. Apenas se relacionarme con mi mismo y mi entorno, para cuanto más teorizar sobre nada.
19 de marzo de 2014
16 de marzo de 2014
Filo
Ella me decía que tiene miedo porque se cierra una etapa. Y mientras hablábamos, me di cuenta de que realmente no estamos en puntos muy dispares. Realmente, yo también ando recogiendo para decir un "hasta siempre" a muchas cosas...
Dos meses y medio de año han bastado para romperme más esquemas que todo el año pasado junto. Podemos decir que me he enfrentado a algunos de mis mayores temores y he logrado sentir cosas que anhelaba con fervor...
Aunque no solo he tenido cambios a nivel personal. Ya sabes como es eso de la vida: lo raro es lo que permanece. He podido ver evolucionar a mucha gente a mi alrededor, consciente o inconscientemente. Cambios esperados e inesperados, previsibles o sorprendentes, necesarios o demoledores.
Supongo que ahora que se acaba esta etapa soy más consciente de lo que hemos cambiado. Empiezo a ver más claramente que nunca cual es mi yo. Y, obviamente, va siendo hora de que hablemos de algo... Y es que ya no soy "Filosente".
Filosente: intento de adolescENTE de ser FILOSófo. FILOS + ENTE. Llevo mucho tiempo dándole vueltas a que con 20 años, más de media carrera sacada y con mi familia capaz de hacer chistes verdes en mi presencia ya no soy tan "ente". Pero me da mucha pena renunciar a un nombre que me ha marcado de una forma o de otra esta etapa de mi vida (desde que abrí el blog con 15 años hasta ahora). Mucha gente de mi entorno me llama más por Filo que por mi nombre, y la verdad es que me gusta. Despues de todo, "Filos" es "amigo" en griego... Y quiero seguir siendo amigo de mis amigos. Amigo de quien quiera serlo... Amigo de quien necesite un amigo, aunque sea solo para una conversación.
La etapa de Filosente se acaba. Tiene "deadline", como dirían los ingleses. Empieza en mi vida una nueva etapa de descubrir, de temer y de soñar. De terminar de soltarme de mis ataduras de niño, de mis ataduras de adolescente. De unirme al curso normal del mundo... De seguir aprendiendo cada día, sin dejar de caminar.
Damas y caballeros, mi nombre es Ismael, aunque muchos de ustedes me conocen como Filo. Un placer conocerles y espero que nuestra estancia juntos sea lo más grata posible para todos.
14 de noviembre de 2013
10 de junio de 2013
Carta a aquello que se añora
Hola,
Soy quien siempre he sido y quien he dejado de ser. Estoy aquí hoy por lo mismo de siempre... lo que nunca te esperarías. Para preguntar.
¿Sabes qué es lo más complicado de vivir? Recordar. Porque el recuerdo engaña, magnifica, empequeñece, distorsiona, acelera, retarda y perturba de todas las formas posibles lo que ya no es. Atormenta en los momentos felices y consuela cuando más alerta deberías estar. Porque el recuerdo es esa bendita maldición que nos mata al mantenernos con vida...
¿Recuerdas a alguien especial que ya no está? Seguro que si. Un amigo, una ex, un familiar, un profesor, alguien que fue capaz de encenderte el corazón con el fuego más puro que existe... Y que se extinguió. Primero él, pensabas. Luego tú. Porque lo has olvidado, aunque ahora su ausencia te perfore el pecho...
¿Y reencontrar? ¿Quién no ha soñado con el primer amor? ¿No te has reencontrado nunca con alguien que hacía mucho que había desaparecido, supuestamente para siempre? Y ves a esa persona frente a ti... y no eres capaz de recordar qué era eso tan especial que te daba calor en el pecho...
Un batiburrillo de ideas recorre mi mente esta madrugada. No puedo evitar pensar que me he equivocado en muchas cosas. Que no vi en la gente quienes eran, sino quien buscaba. Que no echo de menos a la persona, sino al lazo con ella. Que no amé nada mas que al Amor quimérico que rodeó siempre mis pensamientos...
"Carta a aquello que se añora". Añoro añorar. De verdad. Saber que hay algo fijo a lo que volver... Añoro pensar que el tiempo no me cambiaría, que las cosas buenas siempre lo son, que la sonrisa amiga no se convertirá nunca en una expresión de extrañeza. Añoro pensar que tengo un lugar al que volver, unos brazos a los que volver a abrazar para compartir tiempos que parecen tan lejanos que, a veces, pienso que nunca existieron... Tan tan lejos que me tengo que preguntar si los he vivido o son una fantasía cinematográfica...
A la vez me doy cuenta de que si quiero añorar, la única forma es avanzar. Que el tiempo no se para. Que no existe la inmortalidad humana, y que la eternidad no se mide en la escala del hombre. Que no soy más sabio por ser más sufrido, ni más tonto por equivocarme en los pasos que camino. Que no importa que ya no sea poeta, filósofo, gaiteiro, videojugador, niño, estudiante y tantas cosas que me asusta dejar de ser "como antes". Que Filosente ya no tiene significado, igual que no lo tiene Ismael, pero no por eso es peor nombre...
No se trata de echar de menos quien he sido. Las cosas tienen final porque tienen principio... Y quizá si me da miedo morir... Es simplemente por miedo a dejar de ser yo, y no poder echarlo de menos...
Paseo por ruinas que fueron grandes edificios. Veo carteles de neón apagados que con sus luces me atrajeron mil y una noches. Esto es mi pasado. Y el titilar futuro me hechiza y me aterra... Sonrío irónicamente, pues me siento agarrotado, como el Palo que una vez fui...
Añoro añorar. Añoro mi pasado. Añoro esos "días felices" que no volverán a ser como antes. Añoro a gente, a sentimientos. Añoro lugares, añoro gestos, añoro actitudes. Añoro lo bueno que ya no lo es tanto y lo malo que no era tan terrible... Pero se que cuando lea esto, vete tú a saber cuando, también añoraré esta etapa y todo lo que representa. Añoraré ser joven, ser "medio ingeniero", ser un viciado con tiempo para ello. Añoraré esta habitación y este portátil. Añoraré esta madrugada de lunes, y ese sentimiento que se escapará al tratar de recordarlo.
Añoraré añorar. Una vez más.
Por eso te escribo hoy. A Ismael, a Filosente, al pasado y al presente. A mi mismo con cariño, de parte de quien he sido y de quien he dejado de ser. Porque estoy hoy aquí por lo mismo de siempre... lo que nunca te esperarías. Para preguntar.
¿Me añora lo que añoro?
No te agobies, no espero respuesta...
Quien tú ya sabes
13 de febrero de 2013
- Uno... Dos... Uno, dos tres... Uno... Dos...
- ¡Eh! ¿Qué haces? ¡Uno, dos! ¡Uno, dos!
- Uno... Dos...
- ¡No, no, no! ¡Es...!
- ¡Esto no es una marcha, coñe!
Cada uno tiene su ritmo. Parecido, igual o radicalmente opuesto al de al lado. ¿Acaso importa eso? Para nada... Es fácil seguir un ritmo si se tiene sentido musical. Es igualmente fácil adaptar tu ritmo al de la persona que tienes al lado si posees la empatía suficiente...
Pero claro, si tu bailas a tu ritmo, y el otro al suyo... Si compartís pista, lo más seguro es que choquéis. ¿De verdad le vas a echar la culpa al otro por no ir en tus zapatos?
- ¡Eh! ¿Qué haces? ¡Uno, dos! ¡Uno, dos!
- Uno... Dos...
- ¡No, no, no! ¡Es...!
- ¡Esto no es una marcha, coñe!
Cada uno tiene su ritmo. Parecido, igual o radicalmente opuesto al de al lado. ¿Acaso importa eso? Para nada... Es fácil seguir un ritmo si se tiene sentido musical. Es igualmente fácil adaptar tu ritmo al de la persona que tienes al lado si posees la empatía suficiente...
Pero claro, si tu bailas a tu ritmo, y el otro al suyo... Si compartís pista, lo más seguro es que choquéis. ¿De verdad le vas a echar la culpa al otro por no ir en tus zapatos?
19 de diciembre de 2012
Carta a quien ya no camina conmigo
Ha pasado un tiempo...
Oh, perdona la intromisión. Supongo que es algo un poco anacrónico, ¿no? Que aparezca ahora, digo. Así como quien no quiere la cosa. Un "¡hola! ¿Qué tal nos hemos levantado?", dicho después de días, semanas, o meses sin vernos...
Te voy a ser sincero: a veces te echo de menos. Más de lo que te imaginas. Porque mi vida ha seguido, claro. Sigo avanzando, como siempre te he dicho que hago. La vida no espera por aquellos que deciden no vivirla un tiempo, ¿sabes? Por eso camino. Aunque hay veces que echo la vista atrás, y.. bueno, y ahí estás.
Sois muchos los que habéis pasado por mi vida. Eso es bueno, significa que no lo estoy haciendo del todo mal... Todos jugamos con nuestros hándicaps y nuestros comodines, así que usar etiquetas para señalar avances es algo peliagudo, pero hay cosas que son invariables. Porque que haya gente que, como tú, habéis tocado mi corazón, eso no puede ser mala señal... A pesar de las tempestades, a pesar de los vientos...
Hoy me he acordado de ti, y no es la primera vez. Te he visto en la calle, han dicho tu nombre (no referido a ti, seguramente... ¡o sí!). Alguien que nos conoció juntos me preguntó que cómo te iba. O simplemente has venido de forma tan repentina como yo aparezco ahora. En mis recuerdos. En mis pensamientos. En estas líneas.
¿Sabes? Han pasado muchas cosas, estoy seguro. Pero... quien fuiste, esa persona para mi sigue viva. Siempre lo seguirá. Y te puedo asegurar que ese alguien sigue viviendo en mi. Soy quien soy por ti, por vosotros... No puedo olvidar tan pronto, ni siquiera tan tarde. No quiero hacerlo... aunque sea por el puro egoísmo de no perderme. De no perder aquellas palabras que, un día, me hicieron temblar.
Supongo que es hora de marchar... es lo bueno de los anacronismos, que son (somos) como un soplo de viento: en el momento en el que más parece que te revuelven los cabellos, es cuando desaparecen... Y bueno, tú sabes que yo siempre he sido algo viento...
Solo quería decirte, por última vez, lo mucho que te aprecio. Que te quiero, y que espero que, en el curso de tu vida, un día te vuelvas tú atemporal por un momento, y me des una sorpresa parecida. Porque me gusta hacer que la gente se sienta especial, pero no me importa que me hagas, que me hagáis sentir especial a mi también. Ya lo hacéis, de hecho...
Ya lo haces.
Sinceramente tuyo,
Filosente.
P.D: todas las felicitaciones, sonrisas y lágrimas que te debía
31 de octubre de 2012
Divagaciones
Me gusta jugar a ser sin ser.
Como tantas cosas.
El agua que bebemos que nos mantiene con vida.
La sal que da sabor.
Una brisa repentina que peina un cabello rebelde.
El código del programa que permite que me leas.
El acorde escondido en la melodía de siempre.
Ser necesario intrínsecamente, tanto que esa realidad se desvanece.
¿Qué quedará de esta alma mía?
Música, código, viento y poesía.
Quizá...
Como tantas cosas.
El agua que bebemos que nos mantiene con vida.
La sal que da sabor.
Una brisa repentina que peina un cabello rebelde.
El código del programa que permite que me leas.
El acorde escondido en la melodía de siempre.
Ser necesario intrínsecamente, tanto que esa realidad se desvanece.
¿Qué quedará de esta alma mía?
Música, código, viento y poesía.
Quizá...
25 de octubre de 2012
Al fin un rato muerto de verdad. Sin más agobios que los marcados por la sombra de los exámenes, allá en enero, y mis propias necesidades fisiológicas. Que me muero de hambre, vaya...
No tengo ganas de echar una partida, quizá ni tiempo. No hay nadie conocido con quién hablar. Claro, la gente a estas horas... ¡suele comer! Y ya he hecho todas esas cosas diarias que puedo hacer desde aquí.
Rutina...
Paseo mi mirada por ahí. Hay alguna gente, y algo de barullo, aunque nada demasiado impresionante. La facultad esta viva... gente de todos los cursos trabajando, riéndose, charlando o corriendo por aquí y por allá. Me he acostumbrado a esta vida, a estas paredes. Por primera vez, tengo un "hogar" académico. Un lugar donde, cuando estudio, me siento realmente como en casa.
...dulce rutina.
No siempre fue asi, claro. Aunque todo aquello me parece lejano, a veces irreal. Entre brumas puedo distinguir actos, personas y palabras que parecen haber quedado lejos... Que no volverán. O si. La vida da demasiadas vueltas como para decir A o B....
Todo tiene su tiempo. Todo tiene su por qué. Quizá más importante, todo tiene su para qué. No como algo real, como una característica inherente, sino como una sabiduría de la que tu percepción es padre. Nada es infinito, salvo nuestras propias ganas de serlo, y el Amor.
Soy como la cigarra que ha estado tantos años bajo tierra. Me dispongo a salir de mi hibernación, a romper mi crisálida, a ser aún más yo.
Un camino se abre ante mi. Lo seguiré. No me preocupa que me sigan o que dejen de hacerlo... cada cual debe andar sus caminos, y estos juntarán a aquellos que tengan un para qué en común.
Jo, qué hambre...
No tengo ganas de echar una partida, quizá ni tiempo. No hay nadie conocido con quién hablar. Claro, la gente a estas horas... ¡suele comer! Y ya he hecho todas esas cosas diarias que puedo hacer desde aquí.
Rutina...
Paseo mi mirada por ahí. Hay alguna gente, y algo de barullo, aunque nada demasiado impresionante. La facultad esta viva... gente de todos los cursos trabajando, riéndose, charlando o corriendo por aquí y por allá. Me he acostumbrado a esta vida, a estas paredes. Por primera vez, tengo un "hogar" académico. Un lugar donde, cuando estudio, me siento realmente como en casa.
...dulce rutina.
No siempre fue asi, claro. Aunque todo aquello me parece lejano, a veces irreal. Entre brumas puedo distinguir actos, personas y palabras que parecen haber quedado lejos... Que no volverán. O si. La vida da demasiadas vueltas como para decir A o B....
Todo tiene su tiempo. Todo tiene su por qué. Quizá más importante, todo tiene su para qué. No como algo real, como una característica inherente, sino como una sabiduría de la que tu percepción es padre. Nada es infinito, salvo nuestras propias ganas de serlo, y el Amor.
Soy como la cigarra que ha estado tantos años bajo tierra. Me dispongo a salir de mi hibernación, a romper mi crisálida, a ser aún más yo.
Un camino se abre ante mi. Lo seguiré. No me preocupa que me sigan o que dejen de hacerlo... cada cual debe andar sus caminos, y estos juntarán a aquellos que tengan un para qué en común.
Jo, qué hambre...
26 de agosto de 2012
Hablando de oídas
Hay muchas formas de alcanzar la quietud, la calma, la ataraxia. Hay gente que necesita subir su adrenalina hasta límites insospechados para luego, tras ese subidón, encontrar la paz en el día a día. Algunas personas se suben a lo alto de una zona elevada y gritan. Yo busco escuchar el silencio...
¡Pero es muy difícil! ¡Siempre hay algo que evita que lo escuche! Un grito de fondo, un coche que pasa, una llamada, Avast, el vecino gritando... Hay mil y un rumores que camuflan mi anhelado silencio. ¡Ojalá pudiera eliminarlos...!
Aunque el otro día me pasó una cosa curiosa.
Estaba intentando escuchar el silencio. Y, para variar, empezaron a escucharse mil y un ruidos. El hijo de la vecina tenía una rabieta. Un perro ladrando fuera. Una moto, a mayor velocidad de la que debía. Y música... una música bella. Violín. Algo tan armonioso en tanto caos...
Mi mente dejó de buscar el silencio, y se dedicó a seguir la cadencia de las notas. La melodía me subía y bajaba, me llevaba de la mano. Y, tras casi media hora, la canción paró bruscamente. Me quedé a la espera de que reanudara...
Pero el ambiente solo me devolvía el silencio...
Solo silencio...
¡Silencio!
Desde ese día, intento que cuando el caos de otros impide que alcance mi quietud, sin perder de vista mi objetivo, desviar mi atención a lo que abarca mi momento. Y cuando los rumores de los demás se acallan, el silencio acaba envolviéndome... Al fin y al cabo, nosotros también somos ruido para los demás.
No te frustres por no escuchar lo que quieres. Es mejor querer escuchar lo que suena.
17 de agosto de 2012
Ser yo [II]
Hace un tiempo, escribí esto, prometiendo que cuando tuviera una respuesta a lo que para mi era "ser yo" lo publicaría. Ha pasado uno tiempecillo ya... casi 3 años, creo. Pero bueno, ¡nunca es tarde si la entrada es buena!
¿Quién soy yo? Yo.
...
¿Qué? ¿En serio esperabas encontrar en el blog de un "dieciocheñero" la respuesta a una pregunta que lleva intrigando a la humanidad desde sus orígenes? ¡Claro que es una obviedad, casi innecesaria de decir! Pero antes de acuchillarme vivo por embaucador, deja que te lo explique, ¿no?
Mira, te cuento: durante mi vida he usado etiquetas para referirme a cada etapa. Cada etiqueta es una palabra o frase que sirve como de índice de contenidos. Por ejemplo, hablar de "Filosente" me trae a la memoria mi blog y todo lo que ello me ha aportado. ¡Las etiquetas son palabras ovillo, al fin y al cabo!
Ahora reflexionemos... si tengo una etiqueta para todo, ¿qué es el conjunto de todas las etiquetas? Mi vida en si misma, ¿no? Es decir, mis etiquetas son mi vida, dicho al revés. Simplemente es darle un nombre diferente a cada instante de tu vida. Condensar esas sensaciones en palabras...
Ahora imagínate que quiera condensar al extremo. ¿Cómo digo, en una sola palabra, todas mis etiquetas? ¿Como reunir en un conjunto de fonemas o grafías el cien por cien de mi mismo? Existen miles de idiomas, pero todos tienen una forma de referirte a ti mismo. De decir quién eres.
Yo.
"Yo" es una palabra que puede llevarte al egocentrismo puro. Porque "yo" vivo, "yo" percibo, y cuando "yo" desaparezca, para "yo" el mundo desparece. No hay nada más allá de "yo" en ese aspecto.
¡Protesto!
Porque "yo" no es solo "ese conjunto de células que forman a mi persona". Ni siquiera es esa idea de alma, espíritu, mente... ¡"Yo" acabo de definirlo como todas mis palabras ovillo! Palabras cómo...
Papá.
Mamá.
Hermana.
Hermano.
Mejor amigo.
Primera amor.
Amor de mi vida.
Profesor que me ayudo a seguir.
Gente que me ha intentado hundir.
Dios, Yavhé, Alá, Buda...
Entrenador/director...
"Yo" está tan lleno de gente que a veces parece que, irónicamente, para quien menos sitio tiene es para él...
¿Sabes qué? Podria escribirte acerca de qué es mi "yo" años... tantos como he vivido. Pero al final, por mucho que me lo discutas, y por mucho que digas que es una obviedad, o incluso una falacia lógica...
¿Quién es yo?
¡Yo! ¡Y todo lo que yo significo!
¿Quién soy yo? Yo.
...
¿Qué? ¿En serio esperabas encontrar en el blog de un "dieciocheñero" la respuesta a una pregunta que lleva intrigando a la humanidad desde sus orígenes? ¡Claro que es una obviedad, casi innecesaria de decir! Pero antes de acuchillarme vivo por embaucador, deja que te lo explique, ¿no?
Mira, te cuento: durante mi vida he usado etiquetas para referirme a cada etapa. Cada etiqueta es una palabra o frase que sirve como de índice de contenidos. Por ejemplo, hablar de "Filosente" me trae a la memoria mi blog y todo lo que ello me ha aportado. ¡Las etiquetas son palabras ovillo, al fin y al cabo!
Ahora reflexionemos... si tengo una etiqueta para todo, ¿qué es el conjunto de todas las etiquetas? Mi vida en si misma, ¿no? Es decir, mis etiquetas son mi vida, dicho al revés. Simplemente es darle un nombre diferente a cada instante de tu vida. Condensar esas sensaciones en palabras...
Ahora imagínate que quiera condensar al extremo. ¿Cómo digo, en una sola palabra, todas mis etiquetas? ¿Como reunir en un conjunto de fonemas o grafías el cien por cien de mi mismo? Existen miles de idiomas, pero todos tienen una forma de referirte a ti mismo. De decir quién eres.
Yo.
"Yo" es una palabra que puede llevarte al egocentrismo puro. Porque "yo" vivo, "yo" percibo, y cuando "yo" desaparezca, para "yo" el mundo desparece. No hay nada más allá de "yo" en ese aspecto.
¡Protesto!
Porque "yo" no es solo "ese conjunto de células que forman a mi persona". Ni siquiera es esa idea de alma, espíritu, mente... ¡"Yo" acabo de definirlo como todas mis palabras ovillo! Palabras cómo...
Papá.
Mamá.
Hermana.
Hermano.
Mejor amigo.
Primera amor.
Amor de mi vida.
Profesor que me ayudo a seguir.
Gente que me ha intentado hundir.
Dios, Yavhé, Alá, Buda...
Entrenador/director...
"Yo" está tan lleno de gente que a veces parece que, irónicamente, para quien menos sitio tiene es para él...
¿Sabes qué? Podria escribirte acerca de qué es mi "yo" años... tantos como he vivido. Pero al final, por mucho que me lo discutas, y por mucho que digas que es una obviedad, o incluso una falacia lógica...
¿Quién es yo?
¡Yo! ¡Y todo lo que yo significo!
6 de agosto de 2012
(No iba a tener título, pero... ¡entrada 300!)
¿Qué debes buscar en la gente que te rodea? ¿Intereses comunes? ¿Comprensión? ¿Cariño? ¿Todo eso? ¿Ninguna de las anteriores...?
Últimamente no puedo evitar sentir que necesito ver las conexiones con la gente que me rodea...
¿Qué me une a ellos?
¿Cuán fuerte es esa unión?
¿Quién me echaría de menos si me fuera...?
¿Quién se preocuparía de que estuviese bien...?
¿Quién, en definitiva, está ahí, conmigo, de verdad?
Hay alguna gente que, para este o para oeste, no necesita responder a esa pregunta. Pero hay tanta gente que se queda en el corazón de la Rosa...
Las tiranteces de los últimos tiempos me pueden. Quizá soy como aquella torre... me han quitado un pilar y he colapsado en parte. Y no quiero reconstruirla con los mismos errores... Pero para eso hay que aprender una lección: quien no está conmigo, no tiene por qué estar contra mi... Entre el blanco y el negro, hay mil y un grises.
Mi mente es un huracán tan estrecho que estar en el ojo es peor que estar en los bordes. Pero bueno, seguimos adelante... siempre.
Últimamente no puedo evitar sentir que necesito ver las conexiones con la gente que me rodea...
¿Qué me une a ellos?
¿Cuán fuerte es esa unión?
¿Quién me echaría de menos si me fuera...?
¿Quién se preocuparía de que estuviese bien...?
¿Quién, en definitiva, está ahí, conmigo, de verdad?
Hay alguna gente que, para este o para oeste, no necesita responder a esa pregunta. Pero hay tanta gente que se queda en el corazón de la Rosa...
Las tiranteces de los últimos tiempos me pueden. Quizá soy como aquella torre... me han quitado un pilar y he colapsado en parte. Y no quiero reconstruirla con los mismos errores... Pero para eso hay que aprender una lección: quien no está conmigo, no tiene por qué estar contra mi... Entre el blanco y el negro, hay mil y un grises.
Mi mente es un huracán tan estrecho que estar en el ojo es peor que estar en los bordes. Pero bueno, seguimos adelante... siempre.
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