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23 de febrero de 2024

La barrera que nos separa

La barrera que separa
la libertad de la prisión
la desidia de la ilusión
el miedo del amor

Con los años me di cuenta
de que hubo en un momento
que logré poder cruzar
la barrera que nos separa.

Es un viaje de solo ida
en el que no hay marcha atrás,
¿pues quien querría cambiar
la libertad por la prisión?

Mi mundo brilla más vibrante
y siempre encuentro solución
donde mi ceguera me cubría
de desidia la desilusión.

Y ahora tengo claro mi camino.
Y de él nadie puede separarme.
Nunca más volverá a guiarme
el miedo por encima del amor.

La barrera que separa
la libertad de la prisión
y la desidia de la ilusión
es renunciar al clamor del miedo
y abrazar el susurro del amor.


18 de diciembre de 2014

Carta a un recién nacido

Querido niño:

Hoy no importa tanto mi nombre como el tuyo, pues hace escasos momentos tu reloj se ha puesto en marcha. Has nacido. Has llegado y has sido entregado a una madre exhausta, y a un padre preocupado. Te has convertido en una persona mas de este enorme mundo. Y eres pequeño y blandito, berreas aun cuando te hacen mimos, y a veces no dejas de llorar... Pero eres. Y eso te hace muy especial.

El lugar al que has llegado es frio y calido, acogedor y hostil, lleno de las mas fantásticas y terribles posibilidades. La gente aqui sufre y se alegra. Grita de dolor y alegria, de rabia y felicidad. Hacen de heroes y villanos. Y viven. Viven como tu vives...

Querido niño, tu mirada encoge mi corazón. Tu mirada de bebé, limpia. No tienes los destellos de cristal que tienen los que han vivido ya los avatares de la vida. Tus ojos muestran un alma lisa y uniforme, sin las perturbaciones de lo mundano. No es inocencia lo que veo... Es algo mucho mas primitivo. Una tabula rasa. Porque, querido niño, llevas tan poco en la tierra que aun eres tu mismo, sin las circunstacias que te rodean...

Querido niño, me pregunto como seran tus ojos cuando crezcas. Y creeme que me alegra y me aterra pensarlo. Tan pequeño y tan indefenso en un mundo tan voraz, tan hambriento... Pero eres una persona, y eso te llena de tantas posibilidades que, sin ti, querido niño, el mundo no podría ser el mismo...

Porque, querido niño, quisiera cuidarte. Porque te sentirás perdido y solito, tendrás hambre y frío, te tratarán mal quienes deberian amarte...

Pero no, me digo. La vida nunca es tan aberrante. Porque ya hay quien te vigila, quien te guía y te mima, te da de comer y te abriga, y te quiere sin esperar nada de tu parte... Porque hasta la persona más deleznable tiene manos amigas que buscan ayudarle...

Me quedaría más tiempo a hablarte, querido niño, pero he de ausentarme. Te beso la frente con cariño, y me despido, pues te llama tu gente, los que saben cuidarte. Pero si me permites la atrocidad de dejar una muesca en tu corazón, la primera de tantas que vienen, que sea por una buena razón...

Hagas lo que hagas, querido niño, se feliz siempre.

Sinceramente tuyo,


Alguien que vive, como tú.

19 de septiembre de 2014

El despertar de Loggo

Loggo abrió los ojos.

Su pesado cuerpo era poco manejable. Falta de costumbre, quizá. Falta de cohesión, pues estaba compuesto, como luego percibió, por objetos heterogéneos, seguramente cogidos de los que cubrían todo el mundo.

Porque eso fue lo primero que percibió. Ese mundo, silencioso, cubierto de multitud de utensilios, cacharros y cachivaches. Veía un piano al lado de una vela de barco. Cerillas. Un imán desparejado.

Tardó algún tiempo en dejar de intentar identificar cosas entre el desorden para girarse, y verla a ella. Otra como él. Más definida. Metálica, sonriente. Tirada en el suelo, pero mirando hacia él. Como si jugaran a un juego, y él acabara de encontrarla en su escondite, para su regocijo.

El sonrío en respuesta, y empezó a hablar.

- Soy Loggo. ¿Quién eres tú?

Ella sonreía... pero no decía ni una sola palabra. Solo seguía mirándole...

- ¿Hola?

- ...

Siguió intentando hablarle un rato más, pero al final acabó renunciando, y se dedicó a investigar los alrededores...

Al día siguiente, Loggo volvió con ella. La saludó, sin recibir más respuesta que esa sonriente mirada. Le llevó un bonito collar que había encontrado, le dijo que la encontraba reluciente ese día, e incluso intentó hacerla reír, a pesar de que los robots no saben mucho de humor... Pero ella no respondía.

Los días pasaban. Loggo intentaba explicar por qué la robot no le hacía caso mientras paseaba por los sitios que ya conocía. "Quizá no le caigo bien", pensaba al pasar entre la zona de las pelotas de deportes. "Puede que no sepa hablar", se decía mirando una vieja pintura. "A lo mejor simplemente es tímida", reflexionaba mirando su reflejo en una cazuela...

Loggo dejó de acercarse unos días junto a ella, pensando que quizá si se iba ella lo echaría de menos. Nunca se alejaba mucho de la robot, así que le sería fácil encontrarle. Pero pronto se aburrió del escaso área en el que se movía, y nunca tuvo una dulce voz que lo llamase...

Un día, desde un enorme órgano, Loggo vio una enorme llanura llena de brillantes objetos, muy a lo lejos. Se quedó contemplando fascinado los colores y las luces, y sintió un gran deseo de estar allí. Cuando ya se estaba encaminando, una sonrisa y un par de ojos se le aparecieron de entre sus recuerdos...

Se paró en seco...

Y, pesaroso, dio media vuelta.

Al día siguiente, Loggo volvió a visitarla, sin éxito.

Y el tiempo siguió pasando...

Los días de Loggo se dividían entre la desesperación de sus visitas no correspondidas, las vueltas en círculos en paisajes más que memorizados y el hechizo de los colores. Se dio cuenta de que se movían, como alejándose... A veces se planteaba si no serían otros robots, como él. O quizá, simplemente, alguien capaz de charlar con él.

La frustración se apoderaba de él. Y un día, preso de una rabia contenida quizá demasiado tiempo, se acercó a la robot. Sus quejas retumbaron en la vajilla rota del este, las ruedas de coche del norte y las lavadoras del sur. Si en este mundo hubiera algún pajarillo, hubiera salido volando ante la pena y el dolor de sus palabras...

Pero la robot permanecía impasible. Como siempre había estado.

Loggo pasó varios días solo, meditando. Ni siquiera fue a mirar las luces. Solo pensaba, llevando sus engranajes al máximo, explotando sus circuitos como nunca antes. Intentando valorar si realmente lo que pensaba era la decisión correcta...

Al día siguiente, fue con ella...

- Oye... Yo... De verdad, quería conocerte. No se si te he molestado con algo... Pero nunca me hablas. Y yo... yo no puedo estar así. Querría conocerte a ti, a las luces... Pero si no me hablas, no puedo pedirte que vengas conmigo. Yo... Creo que esto es un adios...

Loggo se dio la vuelta, entristecido e ilusionado. Un rayo de sol reflejaba en su espalda, donde una llave de reloj, que lo mantenía en movimiento, brillaba con la calidez de un corazón que alguna vez amó.

Si te fijas cuidadosamente, quizá leas un nombre en la llave...

Eika...

Y mientras Loggo se iba, Eika, todavía inmóvil, seguía sonriendo.

29 de mayo de 2014

Re: Carta a aquello que se añora

Querido yo,

Quiero decirte que, casi un año después, he recibido tu carta. Supongo que realmente no he cambiado tanto desde que me escribiste, porque una vez más, me encuentro añorando...

Si pudieras leerme, me gustaría darte esperanza. Decirte que llegará un punto en que esos problemas que te perturban dejarán de ser. Que te espera una etapa muy dura, casi eterna, y una fugacidad prácticamente perfecta. Que tus expectativas más infantiles se han cumplido. Que, seguramente, con tu visión de aquel entonces, yo debería ser prácticamente el hombre más feliz...

Por desgracia, me he dado cuenta de que es bastante probable que tú hayas sido más sabio que yo. Porque tú tenías esperanza, y yo he tenido que conseguirla de tus líneas. Tú tenías la realidad clara, y has tenido que recordármela. Que en el fondo me agarraba (y quizá me agarro) a esas cosas que tú identificaste, y que yo, hasta que te leí, no supe ver.

Si pudieras leerme, me gustaría que me dieras esperanza. Porque quizá necesito que te lleves la que tengo y me des la que conservo. Tú que tanto añoras, tú que sientes que ya no te queda nada que añorar, tú que al fin y al cabo eres un yo, se supone, más inexperto, tú eres quien debe aconsejarme. Decirme como lo hemos hecho hasta ahora. Porque a veces creo que, por dejar de añorar, olvido lo importante...

Por desgracia, al final esta carta nunca llegará a su destinatario. Quizá llegue a otras manos, espero que más expertas, que puedan entonar una carcajada nostálgica, sonriendo al pensar en este día, como yo sonrío al pensar en ti... Ya que, al fin y al cabo, los problemas pasados los vemos como granos de arena, y los presentes como pesadas piedras.

Si pudieras leerme, al final, te daría las gracias. Porque de una forma u otra... me has dado lo que necesitaba. Porque todo lo que preciso lo tengo ya, aunque quizá el problema es que me da miedo seguir el camino, por miedo a alejarme... Sin darme cuenta de que parado me aseguro lo que temo.

Pero por suerte... Al final siempre hacemos lo correcto. O al menos, lo mejor que sabemos hacer.

Gracias por tu carta. Créeme que la necesitaba.

Un saludo,

FF

10 de junio de 2013

Carta a aquello que se añora

Hola,

Soy quien siempre he sido y quien he dejado de ser. Estoy aquí hoy por lo mismo de siempre... lo que nunca te esperarías. Para preguntar. 

¿Sabes qué es lo más complicado de vivir? Recordar. Porque el recuerdo engaña, magnifica, empequeñece, distorsiona, acelera, retarda y perturba de todas las formas posibles lo que ya no es. Atormenta en los momentos felices y consuela cuando más alerta deberías estar. Porque el recuerdo es esa bendita maldición que nos mata al mantenernos con vida...

¿Recuerdas a alguien especial que ya no está? Seguro que si. Un amigo, una ex, un familiar, un profesor, alguien que fue capaz de encenderte el corazón con el fuego más puro que existe... Y que se extinguió. Primero él, pensabas. Luego tú. Porque lo has olvidado, aunque ahora su ausencia te perfore el pecho...

¿Y reencontrar? ¿Quién no ha soñado con el primer amor? ¿No te has reencontrado nunca con alguien que hacía mucho que había desaparecido, supuestamente para siempre? Y ves a esa persona frente a ti... y no eres capaz de recordar qué era eso tan especial que te daba calor en el pecho...

Un batiburrillo de ideas recorre mi mente esta madrugada. No puedo evitar pensar que me he equivocado en muchas cosas. Que no vi en la gente quienes eran, sino quien buscaba. Que no echo de menos a la persona, sino al lazo con ella. Que no amé nada mas que al Amor quimérico que rodeó siempre mis pensamientos...

"Carta a aquello que se añora". Añoro añorar. De verdad. Saber que hay algo fijo a lo que volver... Añoro pensar que el tiempo no me cambiaría, que las cosas buenas siempre lo son, que la sonrisa amiga no se convertirá nunca en una expresión de extrañeza. Añoro pensar que tengo un lugar al que volver, unos brazos a los que volver a abrazar para compartir tiempos que parecen tan lejanos que, a veces, pienso que nunca existieron... Tan tan lejos que me tengo que preguntar si los he vivido o son una fantasía cinematográfica...

A la vez me doy cuenta de que si quiero añorar, la única forma es avanzar. Que el tiempo no se para. Que no existe la inmortalidad humana, y que la eternidad no se mide en la escala del hombre. Que no soy más sabio por ser más sufrido, ni más tonto por equivocarme en los pasos que camino. Que no importa que ya no sea poeta, filósofo, gaiteiro, videojugador, niño, estudiante y tantas cosas que me asusta dejar de ser "como antes". Que Filosente ya no tiene significado, igual que no lo tiene Ismael, pero no por eso es peor nombre...

No se trata de echar de menos quien he sido. Las cosas tienen final porque tienen principio... Y quizá si me da miedo morir... Es simplemente por miedo a dejar de ser yo, y no poder echarlo de menos...

Paseo por ruinas que fueron grandes edificios. Veo carteles de neón apagados que con sus luces me atrajeron mil y una noches. Esto es mi pasado. Y el titilar futuro me hechiza y me aterra... Sonrío irónicamente, pues me siento agarrotado, como el Palo que una vez fui...

Añoro añorar. Añoro mi pasado. Añoro esos "días felices" que no volverán a ser como antes. Añoro a gente, a sentimientos. Añoro lugares, añoro gestos, añoro actitudes. Añoro lo bueno que ya no lo es tanto y lo malo que no era tan terrible... Pero se que cuando lea esto, vete tú a saber cuando, también añoraré esta etapa y todo lo que representa. Añoraré ser joven, ser "medio ingeniero", ser un viciado con tiempo para ello. Añoraré esta habitación y este portátil. Añoraré esta madrugada de lunes, y ese sentimiento que se escapará al tratar de recordarlo.

Añoraré añorar. Una vez más.

Por eso te escribo hoy. A Ismael, a Filosente, al pasado y al presente. A mi mismo con cariño, de parte de quien he sido y de quien he dejado de ser. Porque estoy hoy aquí por lo mismo de siempre... lo que nunca te esperarías. Para preguntar.

¿Me añora lo que añoro?

No te agobies, no espero respuesta... 

Quien tú ya sabes

19 de diciembre de 2012

Carta a quien ya no camina conmigo

Ha pasado un tiempo...

Oh, perdona la intromisión. Supongo que es algo un poco anacrónico, ¿no? Que aparezca ahora, digo. Así como quien no quiere la cosa. Un "¡hola! ¿Qué tal nos hemos levantado?", dicho después de días, semanas, o meses sin vernos...

Te voy a ser sincero: a veces te echo de menos. Más de lo que te imaginas. Porque mi vida ha seguido, claro. Sigo avanzando, como siempre te he dicho que hago. La vida no espera por aquellos que deciden no vivirla un tiempo, ¿sabes? Por eso camino. Aunque hay veces que echo la vista atrás, y.. bueno, y ahí estás.

Sois muchos los que habéis pasado por mi vida. Eso es bueno, significa que no lo estoy haciendo del todo mal... Todos jugamos con nuestros hándicaps y nuestros comodines, así que usar etiquetas para señalar avances es algo peliagudo, pero hay cosas que son invariables. Porque que haya gente que, como tú, habéis tocado mi corazón, eso no puede ser mala señal... A pesar de las tempestades, a pesar de los vientos...

Hoy me he acordado de ti, y no es la primera vez. Te he visto en la calle, han dicho tu nombre (no referido a ti, seguramente... ¡o sí!). Alguien que nos conoció juntos me preguntó que cómo te iba. O simplemente has venido de forma tan repentina como yo aparezco ahora. En mis recuerdos. En mis pensamientos. En estas líneas.

¿Sabes? Han pasado muchas cosas, estoy seguro. Pero... quien fuiste, esa persona para mi sigue viva. Siempre lo seguirá. Y te puedo asegurar que ese alguien sigue viviendo en mi. Soy quien soy por ti, por vosotros... No puedo olvidar tan pronto, ni siquiera tan tarde. No quiero hacerlo... aunque sea por el puro egoísmo de no perderme. De no perder aquellas palabras que, un día, me hicieron temblar.

Supongo que es hora de marchar... es lo bueno de los anacronismos, que son (somos) como un soplo de viento: en el momento en el que más parece que te revuelven los cabellos, es cuando desaparecen... Y bueno, tú sabes que yo siempre he sido algo viento...

Solo quería decirte, por última vez, lo mucho que te aprecio. Que te quiero, y que espero que, en el curso de tu vida, un día te vuelvas tú atemporal por un momento, y me des una sorpresa parecida. Porque me gusta hacer que la gente se sienta especial, pero no me importa que me hagas, que me hagáis sentir especial a mi también. Ya lo hacéis, de hecho...

Ya lo haces.

Sinceramente tuyo,

Filosente.

P.D: todas las felicitaciones, sonrisas y lágrimas que te debía

7 de agosto de 2012

Croquetas

Una terraza de un bar cualquiera de la localidad del mar chiquitín. Una mesa, dos cervezas. Una brisa fresca, pero no molesta. Y una comida en camino. La escena para una charla se muestra perfecta...

- ¿Sabes algo curioso...? En la hamburguesería aquella han creado un menú "para compartir".

+ ¿Y eso por qué es curioso?

- ¡Por que trae 11 unidades!

Ambas personas se ríen.

+ Si que es curioso, si...

- Es decir... ¡11 es un número primo! La única forma de compartirlo equitativamente es que se lo zampe uno o venga 11 personas a comer... Yo creo que a los de ese sitio les gusta crear disputa. Además disputa barata.

+ A ver, pelear por el último bocado... tiene su encanto, ¿no?

- Pero joba, si lo hubieran hecho de otra forma...

+ ¿Divisible por 2 y por 3? ¡Y por 4! Así cubres pares e impares...

- Eso es imposible.

+ ¿Imposible?

- ¡Claro! ¡Cuatro no divide a seis!

+ Vale, pues divisible por dos o por tres.

- Mmm... así cogemos el 1, el 2, el 3, el 4, el 6, el 8, el 9, el 10, el 12... ¡si, así podría valer!

+ Pero claro, el 5...

- Ni el 7 ni el 11, pero oye, ¡la culpa es de los clientes! Si van dos y les ponen 5 unidades, pues que inviten a un colega...

+ O se peleen por la última...

- También, jajajajaja.

+ Vaya manera de matar el tiempo hasta la hora de comer, ¿eh?

- Si, pero por ahí parece que viene ya la camarera...

Efectivamente, una mujer se acerca a la mesa y deposita en ella las croquetas que las dos figuras habían pedido. Con una sonrisa, desea buen provecho a los comensales, que miran al plato con hambre y un punto de voracidad...

De repente... las dos figuras estallan en carcajadas.

En el plato hay cinco croquetas.

10 de mayo de 2012

Viajando sin miedo

Un amanecer más, en el tren. Estoy en una posición cómoda. Pierna izquierda sobre la derecha, apoyada por un poco más allá del tobillo. Un poco recostado sobre el asiento. Y el portátil en la bandeja que está enganchada en el asiento de delante. Tengo la mochila a mi lado, ocupando el otro sitio, y me sirve de apoyo para el brazo derecho, ya que estoy en la izquierda. Lado ventana.

Fuera hay bastante luz. Me encanta esa sensación de redescubrimiento que trae cada cambio de estación. Te das cuenta de lo que echas de menos algunas cosas. La luz, el calor, esa premonición feliz que te dice que dentro de poco estarás de vacaciones… El otro día me descubrí añorando estar nervioso ante un examen, esa perspectiva de desafío, mezcla de determinación y miedo.

Me acordé de una conversación que tuve con mi padre, acerca del miedo. De una frase concreta, para ser exactos. “El miedo nos hace sentir vivos”. Si lo piensas un poco, no es tan descabellado…

¿Alguna vez has creído, aunque fuera por un solo segundo, que ibas a morir? Yo recuerdo una vez de pequeño, en la playa. Día con bastante oleaje. Con una “tabla” de surf (que más que tabla era tablero), comprada en los chinos por cuatro o cinco euros. Jugando a coger olas. En esto, una más grande que las demás… y claro me emociono. Hasta que me doy cuenta de que la ola es más alta que yo aunque me ponga de pie en el agua. Y está empezando a romper…

Doy vueltas bajo la superficie. La tabla la tenía atada a la muñeca con una correa, y me golpea. Me agobio, y trago agua. Empiezo a notar que me falta aire. Creo que lloro…

Segundos después, estoy en la orilla, boca arriba, con la tabla sobre la pierna. Toso, escupo, lloro. Y tiemblo de miedo.

¿Que seguramente no corrí demasiado peligro, ya que no estaba demasiado lejos de la orilla? Filosente así lo ve. Pero Ismael, ese niño de seis años, os juro que se vio a las puertas de la muerte. Y creo que pocas veces me he sentido tan vivo como esos minutos, tirado en la arena mojada, mientras recuperaba el aliento y mi madre, preocupada, venía a ver que me había pasado.

Hay gente que dice que el miedo te hace esclavo. Quizá. Aunque yo creo que somos nosotros los que nos esclavizamos al miedo. El miedo, a mi modo de ver, es necesario para vivir. Temer a lo desconocido nos hace cautelosos, y eso nos ayuda a evitar muchos peligros. Los niños, cuando aún son muy pequeños, no tienen miedo, realmente, solo curiosidad. Y es por ello que sus padres tienen que velar por ellos.

Yo con dos años toqué una plancha encendida. Y con tres me tragué un pin, y casi me ahogo. Con cuatro o cinco, quizá seis, me pille los dedos con una puerta. Y así, con otras cosas, toda mi vida. ¡Y lo que me queda!

Me estoy clavando un pivote del lateral del tren. ¿Qué narices es? ¿Un remache? Si muevo un poco el brazo, quizá… Vale, así mejor.

De todos modos, si que es cierto que el miedo puede pasar de ser una especie de alarma benigna a una dura carga. Aunque eso ya no es miedo en si. Eso más bien es “miedo a”. Y el miedo a suele derivar en perder la oportunidad de. Por ejemplo, por miedo a declararte, puedes perder a esa persona, que quizá sienta lo mismo que tú, pero esté en tu misma situación. O por miedo a suspender puedes dejar de presentarte a un examen. O evitar un viaje, por si se estrella el avión. O no querer conocer a nadie, por miedo a que nos hieran.

 Pero para mi hay algo aún peor que el miedo a. Yo lo llamo “miedo a miedo a”. Son esa clase de cosas que hacemos por miedo a no hacer algo que nos provoca un miedo a. Pondré un ejemplo: la gente que hace locuras por tener algo que contar. Esa gente tiene miedo a no tener nada que decir sobre si mismo en un futuro, a tener una “vida aburrida”. Digamos que el miedo a miedo a viene siendo una especie de intento de cura que acaba saliendo peor que la enfermedad, ya que muchas veces acabas actuando a la desesperada.

Un caso muy típico también es aquella persona que se declara después de que la persona de la que está enamorad@ encuentre pareja. Su miedo a era “declararse y no ser correspondido”. Y su miedo a miedo a es la propia declaración. ¡Que al final no es otra cosa que miedo!

Me asusta estar con estas reflexiones a las siete y media de la mañana.

Yo he de reconocer que, bajo la excusa de “al menos tenía que intentarlo”, he pecado bastantes veces de “miedo a miedo a”. Y esto me ha servido para darme cuenta de una cosa: el miedo mal entendido nos impide ser felices, ya que nos paraliza, y evita que hagamos lo que realmente queremos hacer.

¿Y qué es el miedo mal entendido? El miedo al miedo.

He escrito tantas veces “miedo” que ahora las letras de la palabra me bailan, y de repente he tenido que revisarla para ver si la he escrito bien. ¿Nunca os ha pasado eso de que de repente la palabra parece perder su significado? Que te preguntas… ¿y por qué al miedo se le llama miedo?

El miedo al miedo es el “mal del previsor”. El evitar hacer algo por miedo a que te de miedo lo que pueda pasar si lo haces. La mayor gilipollez que existe, si lo piensas fríamente, pero también una de las más generalizadas. Caso típico: la atracción “supermegahardcore” del parque de atracciones que más rabia te dé. A mi, por ejemplo, me gusta recordar la Torre del Terror, de Disneyland París. Caída libre desde una altura de trece pisos. Y el comentario de fondo de alguien del grupo: “huy, ahí no, que me da miedo”. ¿Qué le da miedo exactamente a esa persona? ¿La atracción en sí? Es decir, ¿tan terrorífico es el conjunto de hierros/materiales de los que esté formado? Si lo piensas un poco, lo que le da miedo realmente es lo que va a sentir cuando se suba a la atracción. ¡Tiene miedo a que le de miedo!

Hum, tres paradas para la mía. Llevo casi media hora dándole a la tecla. Malditos informáticos…

Si te has sentido identificado con alguna de estas anécdotas, o has visto aquí escritos tus miedos, no te avergüences. Sea como sea, el miedo es muy animal, y también muy humano. Todos tenemos miedos, algunos incluso absurdos o irracionales. Como las fobias. Pero lo importante es que el miedo no te paralice. Es una frase gastada, pero para mi sigue teniendo mucho significado: “no es más valiente quien menos miedos tiene, sino quien más los enfrenta”. ¡Porque, aunque sea temblando como un flan, vivir hay que vivir!

Ya se ha subido Dani. Asi que nada, toca cerrar… ¡qué este hombre si que da miedo!

8 de mayo de 2012

Carta para ti

Doy gracias por que me oiga quien quiera oirme, y pido que me lea quien me merezca y a quien merezca, mas ahora esta carta no es para alguien genérico. Esta carta es para ti.

Se que me estás leyendo. Es decir, el hecho de que exista la frase anterior así lo manifiesta. Me estás leyendo, y quizá me has leído antes. O puede que me hayas encontrado de casualidad. Es lo bueno de Internet, que conoces sin conocer y desconociendo de antemano.

Esta carta es para ti, porque hoy quiero hablar contigo. Charlar, tontamente, sin mayor pretensión que compartir unos instantes a tu lado. Porque me he dado cuenta de que esos segundos, aparentemente comunes, son las verdaderas perlas de mi vida. Que cuando añoro a alguien, lo añoro más en los pequeños detalles que en las grandes cosas.

Hay gente que les llama defectos. Yo les llamo pequeños detalles. Lo vi de pequeño en una película, y es una frase que me ha quedado. Una muletilla repetida hasta la exhasperación, una broma tan gastada que pierde su sentido para convertirse en una nueva realidad, un gesto, una costumbre... ¿Que por qué son tan importantes? Pues porque si eres consciente de ellos, es porque has pasado mucho tiempo con esa persona...

Fíjate en ti y en mi. Apenas llevamos unos minutos juntos. Y creo que ya podría decir algo de ti. Fijo que estás en tu postura de siempre para leer en el PC. Ya sabes, esas cosas que hace la gente: mano en la boca (mordiéndote/chupándote un dedo), o en la barbilla. Golpecitos rítmicos en el borde del teclado, simulando tu piano/flauta/trompeta/guitarra/loquesea. Hacer girar un lápiz/boli. Ese algo que haces siempre, aunque no te des cuenta.

Llevamos ya unos minutos conversando. O al menos para ti es una conversación. Para mi es un mensaje en botella, que te envío intentando anticiparme a tus respuestas. Conversar contigo desde mi.

Podría estar haciendo algo productivo con mi tiempo... Galletas. O estudiar. Pero no.

Sigamos.

Lo que más me gusta de hablar con la gente es escuchar lo que no dicen. Miradas, tics, palabras-ovillo. Estas últimas son las que más me gustan. Son esas palabras que dices, con un significado especial que solo tu, o en su defecto otra persona, puede llegar a comprender. Suelen parecer fuera de tono en la conversación, pero detrás de si encierran una maraña de historias y sentimientos. Por eso lo de "ovillo".

¿Palabras-ovillo mía? Bueno, hay muchas. "Pino", "girasol", "maybe in other life", "enamorarse del amor", "shur", "teta en ASCII", "Floyd", "coquille", "ieso", "nana", "candado", "mafioso", "rosa amarilla", "talla", "marruán", "tía", "Noé"...

Todas esas palabras conforman un gran porcentaje de mi vida. Creo que solo con ellas podría recordar casi toda mi historia. Por eso te las confío a ti. ¿Que no las entiendes? No pasa nada, quizá en otra charla pueda explicártelas...

Para acabar esta carta, te invito a que me hables de ti. Sabes como contactar conmigo. Comentarios, por ejemplo. O un correo. Incluso una carta-bomba a mi domicilo. Dime algo de ti. De como eres, de tus palabras-ovillo, o cualquier cosa. Simplemente por conocernos mejor. Después de todo... Esta carta es para ti. No estaría de más que contestaras.

Un saludo,

Filosente.

1 de abril de 2012

Carta a quien la oiga

Mirame a los ojos si me ves. Sosténme la mirada, aunque sepas que escruto tu alma con ello. No te voy a juzgar, solo quiero ver tu historia, para poder decirte, sin mayores pretensiones, que te entiendo.

Te entiendo, y no te lo digo por consolarte. Te entiendo porque soy persona, como tú. Y puede que no de la misma forma, pero he pasado por lo que tú has pasado, y he odiado a la vida. He visto con impotencia como mis sueños se rompían, la gente se iba, los pedestales cedían, como mi cuerpo y mi mente se quebraban como el cristal.

Escúchame cuando te mire a los ojos. Te entiendo. Me han llamado loco por como vivo la vida, me han dicho que seguía un callejón sin salida, me han despreciado como a la mierda más miserable en el pie de la persona más abyecta de la faz de la Tierra. Me han odiado, insultado, pegado, herido, humillado.

Llora si quieres llorar. No te voy a juzgar por ello. Porque te entiendo. Yo también he amado y he visto como era rechazado. Me he sentido usado y utilizado. He visto como todas mis emociones las guardaban en una bolsa de basura con destino a un vertedero de corazones rotos. Me he sentido vacío, y nada ha merecido la pena.

Déjame que te abrace. Aunque tengas miedo. Te entiendo. Yo también he sido débil y he tropezado mil veces. Me he sentido solo. Solo. SOLO. Aún estando rodeado de gente. He visto como todos me miraban y señalaban preocupados, montando una algarabía sin sentido. Porque no me entendían.

Cálmate. No eres un bicho raro. O sino, lo somos los dos. Yo te entiendo. Se todo por lo que has pasado, porque la vida no es más que un conjunto de hilos de colores que sostienen a marionetas diferentes. Hay hilo color amor y color felicidad, color odio y color tristeza, color esperanza y color desesperanza. Y hay muchas marionetas, con cuerpos parecidos, pero cada una con una cara diferente...

Pero tú eres más que una marioneta.

¡Corta los hilos! ¡No dejes que solo la vida cuente tus historias! ¡Discute el argumento con el titiritero! Es TU vida. ¡Solo tuya! No dejes que te digan lo contrario. Eres TU. ¡Eso importa! Porque solo si eres tú podrás ser para los demás.

Se que a lo mejor en algún momento en tu vida perdiste la fe en el amor, en las personas, en los ideales, en las acciones, en ti mismo. Te paraste en el camino, entre un destino doloroso y un futuro incierto. Viste un cruce igual de negro en todas sus rutas. No te odies por ello. Si has sabido ver tu duda, es que estás en el buen camino, despues de todo.

No temas amar. ¿El amor que le diste a esa persona fue tirado? ¡NO! ¡Ese amor está ahí! Y va a volver a ti. Cuando amas, y amas de verdad, cuando amas al Amor y a alguien, el Universo entero estará de tu lado. El Universo es el mayor romántico que existe, y se compinchará contigo en secreto para acercarte a esa persona que se muere por conocerte. Abre tu corazón, y dáselo al que solo querría verlo feliz, desde lejos, toda la vida.

Mírame otra vez. ¿Estás sonriendo? ¿Aunque sea tímidamente? Es normal. A todos nos gusta esa sensación. Porque no me has leído a mi, ¿verdad? No has leído cuatro líneas genéricas mal escritas. Has leído TU HISTORIA, tu vida. Has leído al capullo de tu primer novio, dejándote tirada. Has leído a la chica que te despreciaba por no ser un modelo. Y has leído a esa persona que te abraza por la espalda, con la que cruzas tímidas miradas, esa persona que aún no ha aparecido, o que ha vivido contigo siempre. Prométeme que no la dejarás escapar, y que no la culparás si alguna vez te falla, porque te quiere. Y mucho.

Ahora si que es una sonrisa. Es normal. A todos nos gusta que nos digan esas dos palabras...

Te entiendo.

21 de enero de 2012

Carta a quien la merezca

Disculpa mis torpes palabras. Es el único inicio que puedo darte. No hay forma de que me acerque a lo que quiero decir con ellas, pero es el único modo de comunicarme que tengo.

¿Empezamos?

Yo lo que anhelaba era una señal. Una palabra. Un gesto descuidado. Una mirada. Un susurro. Una llamada. Un mensaje. Un rumor.

Algo.

No se exactamente por qué lo esperaba, pero era algo inamovible. No sabía cuándo, pero tenía que suceder. ¿Cómo no iba a ser? Era impensable.

Me fijaba en todo y en todos. No sabía la naturaleza de mi faro, así que cualquier destello podía ser el que buscaba. Tenía que estar atento en cada momento, pues podía ser que ese fuera el segundo.

Así aprendí a observar a la gente. Miraba a sus caras y leía en sus ojos. Podía ver lo que sentían y como lo sentían con la misma facilidad con la que tú lees estas líneas.

Era mi don, y lo apreciaba, ya que me confería seguridad a la hora de relacionarme con la gente.

Hasta que apareciste tú.

No recuerdo exactamente como nos conocimos, si es que nos hemos conocido. Podría improvisar algo bonito solo para que sonrieras con esa sonrisa que me encanta por conocerla tan bien... o quizá porque nunca la he visto. Pero al final nuestra historia la... ¿sabemos...? ¿sabremos...? bueno, solo tú y yo.

El caso es que me perdí en tus ojos. Es una expresión desgastada, lo sé, con mucha carga de "libro trillado del romanticismo". Pero ya te pedí perdón al principio por eso. No se me ocurre otra forma de expresarlo...  Te miré y te vi diferente que el resto de días. Te miré por primera vez, no se si de forma metafórica o literal. Pero te miré, y eso fue, o será, especial para mi.

Quizá lo que me sorprendió de tu mirada fue el color de tus ojos, su forma, su brillo o alguna de esas señales físicas en la que a los que nos creemos poetas nos gusta regodearnos para hablar de lo que no sabemos decir. O quizá fue algo más metafísico. O puede que ninguna de ambas. No sabía que señal buscaba, asi que puede que hasta la ausencia de las mismas fuese el código acordado.

No se si me puse (o me pondré) nervioso en tu presencia o fui capaz de hacer acopio de alguna treta de actor novato. Quizá intenté (o intentaré) hacerte sonreir con alguna bravata, o traté (o trataré) de impresionarte con una frase, también trillada, sacada de otro manuscrito polvoriento.

Te dije (o te diré) palabras que ningún otro mortal escuchará de mis labios, ni de mis teclas. Esa es la única verdad que pude (o podré) prometerte, porque es la única promesa que creo que puedo cumplir para conmigo mismo: no hay una palabra que sea igual para dos personas, pero tampoco habrá dos personas que reciban la misma palabra.

Fuiste, o serás, o quizá seas importante para mi. Y seguramente sabes que quizá hubo alguien que fue, es o será también alguien importante en mi vida. Pero al final, hasta que llegue la señal, nunca se quién fuiste, quién eres o quién serás. No soy una persona que olvide. Y puede que haya muchas cosas de por medio, incluso tú o yo, pero a pesar de eso nunca estoy tan lejos.

Por eso quiero que pedirtelo de nuevo: disculpa mis torpes palabras. Discúlpame cuando no te haya tratado, te trate o te trataré como te mereces. Cuando no haya sabido, no sepa o no sabré ver. Cuando no conseguiera, no consigo o no conseguiré perdonarte ni entender que, al igual que yo lo soy, tu también eres falible.

Disculpa mis torpes palabras. Es el fin que quiero darte. No hay forma de que me acerque a lo que quiero decir con ellas, pero es el único modo de comunicarme que tengo.

29 de octubre de 2011

Candados

"- Si, bueno... mmm... mira, mejor dejar ese tema.

Otro candado...

Pero esta vez no me asustan. Sonrío mientras todo parece volver a la normalidad...

Menos para mi, claro.
***

No importa mi nombre, ni como soy, ni donde vivo, ni de donde vengo, ni a donde voy. Esos son mis candados y, si quieres seguir esta historia, tendrás que aprender a respetarlos.

Desde que nací he tenido un don: puedo ver los secretos de la gente. O al menos, saber de su existencia. Aunque para mi la palabra "secreto" no significa nada. Para mi son... "candados".

Es dificil de explicar. A veces, miro a alguien y noto que su alma esta bloqueada. Hay dentro algo que su dueño no quiere que salga. Esta bajo una llave de sentimientos: dolor, alegría, angustia...

No podría precisar cuando fui consciente de los candados. Cuando eres pequeño no existen: no necesitas guardar lo que sientes. Pero yo miraba a los adultos y podía leer emociones en sus ojos: sabía cuando la señora Pilar estaba preocupada por algo, o cuando don Rodrigo necesitaba ir a dar un paseo para despejar la mente de sus problemas.

Creo que el primer candado que vi como tal fue cuando tenía doce años. Estaba con un amigo, en su casa, y de repente se oyó un golpe en la cocina. Miré a mi compañero extrañado...

Fue como si el tiempo se detuviera. Mi vista parecía obviar todo lo que no fuera el rostro de mi amigo, y mis oídos dejaron de escuchar nada que no fuera su respiración, los latidos de su corazón, sus palabras distorsionadas. Y en este marco, percibí que sus ojos brillaban con lágrimas...

De repente todo volvió a la normalidad. Mi amigo tenía una sonrisa y me decía que nada, que seguramente a su madre se le había caído el salero o una olla.

Pero había una diferencia: justo sobre el corazón de mi amigo, flotando, había un candado.

Desde entonces he visto muchos candados y he aprendido más de ellos. He descubierto que los candados tienen tres estados: cerrado, roto y abierto.

Un candado cerrado es aquel que guarda un secreto. Son los candados que yo percibo en la gente.

Si logro saber que le pasa a esa persona, a veces puedo forzar ese candado y romperlo. Las palabras exactas o enseñar un objeto pueden ayudarme a que esa persona se abra ante mi.

Sin embargo, a veces es la propia gente la que decide liberarse de sus candados. En ese momento, el candado se abre y desparece.

No todo el mundo reacciona igual cuando sabe que conoces sus secretos, sus candados. Hay gente que trata de restarle importancia, gente que trata de alejarse, gente que se enfada.

Pueden engañar a otros, pero no a mi.

La primera vez que rompí un candado fue poco despues de ver el candado en mi amigo. Por aquel entonces, yo estaba enamorado de una chica de mi edad. Lorena, que así se llamaba, era una niña muy risueña, pero un día descubrí que detrás de su permanente sonrisa había un candado.

La clave fue "padres". No recuerdo de lo que estábamos hablando, pero cuando ella dijo esa palabra volvió a pasar. El tiempo se detuvo y la escuché pronunciar "padres" a cámara lenta. Mientras lo decía, su sonrisa despareció de su cara y una expresión de angustia le cubrió el rostro. Y un candado se materializó frente a su boca.

Aún no entiendo muy bien como funciona esa visión de "tiempo ralentizado". Creo que soy capaz de percibir aquellas palabras que hace que la gente recuerde sus candados y, por un momento, puedo ver más allá de todas sus máscaras y secretos.

O algo así.

Aquel día, llevado por ese heroísmo infantil de querer rescatar a mi princesa, empecé a investigar. Fui a la puerta de su casa y vi salir a su padre.

Mi percepción se incrementó muchísimo cuando dirigí mi mirada a sus ojos. En ellos pude ver furia y decepción, reproches contra él mismo y contra el mundo... Y toda una lista de candados, que apenas me dejaban ver su cuerpo.

El padre de Lorena subió al coche y se marchó. Sin embargo, yo ya sabía todo lo que me hacía falta...

No voy a relatar la conversación con Lorena. Es otro de mis candados. Solo os diré que aquel día aprendí una cosa: no soy nadie para romper los candados ajenos. Mi don me permite ponerme en una posición privilegiada, pero no debo abusar de él... o puedo crear más candados.

Candados que nunca podrán ser abiertos...

Poco despues de hablar con ella, despareció de mi vida... yo creí que para siempre.

Odié mi don.

Odié los candados.

Lo odié todo...
***

El tiempo pasó. Después de mi desastre con Lorena empecé a tratar de ignorar los candados. Los seguía viendo, pero intentaba no hacerles caso. Cuando mi percepción se disparaba, cerraba los ojos y trataba de desconcentrarme.

Y así hasta el mes pasado.

Tras tanto tiempo huyendo de mi don, él parecía haber huido de mi. Hacía varios años que no veía ningún candado y, aunque seguía siendo capaz de ver cosas en la gente que nadie más percibía, ya no había aquellas ralentizaciones de tiempo que antes me torturaban. Me sentía feliz por poder ser uno más.

Sin embargo, como adolescente que soy, también tengo mis problemas.

Un día tuve una discusión particularmente violenta en casa. Me marché a las tres de la mañana llorando, sin dinero, ni destino, ni ganas de volver.

Hay un lugar en la ciudad donde vivo que me relaja. Es una especie de estanque en un parque poco transitado. El agua allí es muy limpia y, en las noches de luna llena, se ilumina como si hubiera un foco enorme. Allí fue donde me quedé, reflexionando. Una vez superas la tristeza, el odio, la ira, el dolor... no queda nada.

Me sentía muy vacío por dentro...

Estaba amaneciendo cuando una idea se me pasó por la cabeza. Me asomé al estanque y...

Si, ahí estaba.

Mi reflejo estaba alterado: me veía a mi mismo, rodeado de cadenas, amordazado... y con un solo candado colgando de mi pecho.

El "yo" que estaba en el agua de repente levantó la vista. Posó sus ojos en los míos y vi... vi como lloraba.

Vi angustia.

Vi miedo.

De repente, una mano surgió desde el fondo del estanque y pasó delante de los ojos del amordazado. Y mi yo no parpadeó.

No parecía haber visto la mano, tan concentrado que estaba en mi...

Eso o...

"Ciego... Has estado ciego..."

De rodillas frente al estanque, me quedé conmocionado. Hacía años que no veía un candado... porque mi propio candado me impedía ver los de los demás. No se puede dar lo que no se tiene...

No se cuanto tiempo estuve en esa posición. Solo se que, de repente, noté algo raro detrás de mi.

Me giré y... allí estaba, con la cabeza gacha y los ojos hinchados de llorar.

- Lorena...

Al oir su nombre, levantó la vista y me miró fijamente. Permanecía quieta, con dos grandes lágrimas recorriendo aún su rostro.

Hacía tanto que no la veía...

Me levanté e intente abrazarla, pero mis brazos la atravesaron.

En ese momento una voz dijo: "¿eres capaz de romper tu Psicocandado?"

Y desperté.

Estaba apoyado en un árbol, con la cabeza hacia un lado, con una pierna encogida y la otra estirada. Sentía frío y me dolía el cuerpo de la incómoda posición.

Aún así, no tardé mucho en levantarme e ir a la orilla del estanque. Miré en su superficie y vi mi reflejo.

No había ningún candado.

Al menos en apariencia.

Porque yo notaba el peso del candado en mi corazón.

Esa misma mañana volví a casa.
***

- ¿Cómo me has encontrado?

- Podría hacerle la misma pregunta.

Ella se quedó quieta, sonriendo. Yo trataba de mostrarme tranquilo, pues sabía que ahora el que estaba en desventaja era yo.

Así es como se siente la gente a la que observo...

-¿Vas a responderme, muchacho?

-¿Acaso tengo otra alternativa, señora?

La sonrisa se acrecentó aún más.

-Cuando quieras empezar, hijo...

No conocía a la anciana mujer que tenía delante y, a la vez, sentía como si siempre hubiera estado ahí. Como un familiar perdido o algo similar...

-Sinceramente, no estoy seguro de...

-Mira, joven, ambos sabemos a qué has venido aquí. Ese Psicocandado te está torturando de una forma que puede llegar a provocar que dejes de ser tú...

Lo sabía. Supe desde el primer momento que ella podía ver los candados. Es la única explicación...

Sino...

¿Por qué esa persona que estaba sentada ante mi tenía todos sus candados abiertos, sin desaparecer?

-Veo en tus ojos sorpresa, joven. Veo que nunca te habías encontrado a otro Empático, ¿verdad?

-¿E-empático? ¿Hay más gente...?

La anciana se echó a reir con una risa clara, cristalina, impropia de alguien de su edad.

-¡Por supuesto que si! Tú y yo no somos más que dos personas entre miles de Empáticos. No sé por qué la gente tiende a considerarse siempre especial por sus dones...

-Entonces... ¿usted es una Empática?

-Chico, no me gustan nada las preguntas tontas. A mi edad, cada segundo puede ser el último, y no quiero perder el tiempo. Así que si quieres hablar de una vez de tu Psicocandado, hablemos. Sino, deja que esta pobre anciana repose tranquilamente la comida...

Hay gente que no se anda con chiquitas...

No sabía que hacer. Realmente necesitaba hablar con ella. Era eso lo que me había llevado allí... El ver el candado de su cancela, tan similar a los candados que yo veo... Y el sueño de días atrás... No podía ser casualidad.

Psicocandados... Empáticos...

-Usted sabe mucho de todo esto. Antes de ver si quiero que sea usted quien rompa mi candado, quiero saberlo todo.

Otra sonrisa.

-Vaya, vaya... Eres el primer Empático que me lanza semejante desafío... Por ser, eres quizá la primera persona que se atreve a hablarme así...

Tragué saliva.

-... y eso me gusta. Aunque ahora mismo dudes.

-Creo que entiendo como se siente la gente ante los Empáticos. Es desesperante saber que cada cosa que piense o sienta no le pasa desapercibida... Bueno, miento, lo peor es saberlo y no ser capaz de hacer lo mismo.

¿A esa mujer no se le cansaban los músculos de la cara de sonreír?

-Eres capaz, pero no quieres... Pero has renunciado a la Empatía... Pero bueno, ya que creo que voy a acceder a tu petición, mejor empezar desde el principio.

Me senté en donde pude. Algo en mi interior me decía que debía estar atento, que toda mi vida me había conducido a ese lugar...

- Nadie sabe de dónde viene, ni por qué existe, pero que la Empatía es una realidad poca gente lo duda. Y con "gente", en este caso, no me refiero al ciudadano de a pie, que suele desconocer nuestro don, sino a aquellos que mueven el mundo. Empresarios, banqueros, políticos, militares... Nadie en las altas esferas pone en tela de juicio nuestro... poder.

Los Empáticos tienen, digámoslo así, dos "vertientes": por un lado, están aquellos que son capaces de observar en la gente sus secretos. Por otro lado, aquellos que pueden observar los secretos de forma directa.

Los primeros poseen una capacidad sensorial superdesarrollada. Son capaces de percibir la más mínima alteración de la persona y, así, adivinar qué pasa por su mente en cada instante. Es por ello que los Empáticos Sensibles prefieren hablar con la gente para adivinar lo que ocultan, ya que pueden observar la reacción de la persona palabra a palabra.

En cambio, los segundos no necesitan de una charla insustancial para adivinar los secretos de la gente. Les basta con mirarlos para percibir que ocultan algo. Ellos "ven" las penurias y angustias... y las ven en forma de Psicocandados. No se sabe exactamente si estos candados existen en realidad o son una simple forma de alucinación, pero lo cierto es que los llamados "Empáticos Visionarios" coinciden al afirmar su existencia.

En ese momento quise interrumpirla, pero con un gesto de la mano me pidió silencio.

- Sé lo que vas a decir. Te pido paciencia.

Hay dentro de los Empáticos un tercer tipo. Son los llamados Empáticos Puros, o simplemente Empáticos. Ellos pueden percibir de ambas formas los secretos de la gente. Y, además, tienen otro don más, algo por lo que muchos matarían: pueden romper los Psicocandados.

Un Empático Sensible o un Empático Visionario pueden lograr ayudar a aquel que tiene el Psicocandado a abrirlo, pero nada más. En cambios, los Empáticos como tú sois capaces de "forzar" los secretos de la gente, de romper todas las defensas, de desnudar su alma.

- Maldita la hora...

-¿Decías, joven?

Guardé silencio.

Así que eso era lo que yo era... Un Empático Puro, capaz de ver las señales de los demás, de contemplar sus candados... y de romperlos, si quiero...

Lorena...

- De todos modos, romper candados es algo que siempre conlleva un precio. Tu relación con esa persona, o la persona misma, puede quedar dañada para siempre si no sabes lo que haces... Por eso la mayoría de los Empáticos Puros prefieren intentar la "otra vía".

- ¿"Otra vía"?

- Se llama la apertura permanente. El poder de dejar un Psicocandado abierto, pero intacto. Los no iniciados en la Empatía lo llaman aceptación.

Cuando entraste pudiste ver que yo tengo muchos candados. Después de todo, he vivido mucho más tiempo que tú. Sin embargo, por tu expresión deduzco que todos ellos están abiertos... y eso me alegra.

Un Psicocandado abierto que no desaparece es un secreto que sigue ahí, pero que ya no duele. Algo que no es que esté oculto, pero tampoco está a la vista. Un recordatorio indoloro de algo que ha pasado, que siempre estará contigo para decirte lo que hiciste mal, pero no para torturarte, sino para evitar que suceda de nuevo.

Abrir un Psicocandado así requiere lograr que la propia persona comprenda una verdad dificil: que es imperfecta, que se ha equivocado, pero que aún así debe quererse y seguir viviendo.

- Yo...

Apenas podía hablar. Tenía un nudo en la garganta. Recordaba a Lorena, su imagen llenaba mi mente. Recordaba su candado... Aquel que había visto destruirse ante mis ojos...

- Yo... yo rompí un candado una vez. Era más niño aún que ahora. Tendría doce años...

Sabía lo que estaba a punto de hacer. Le iba a revelar algo que llevaba un lustro conmigo...

- Yo... había averiguado algo acerca de una chica que me gustaba. Sabía que tenía problemas. Sus padres discutían... él estaba viendo a otra. Y yo, yo...

Rompí a llorar.

La anciana se acercó. Con un gesto suave, me levantó la cabeza y me miró fijamente a los ojos.

- Sigue, vas bien - me susurró.

Me sequé las lágrimas y continué con voz entrecortada.

- Yo... yo solo quería ayudarla... Sabía que sufría y pensé que si el candado desaparecía estaría mejor... Pero lo único que logré fue crear otro candado. Ella... ella no sabía lo de su padre... Su candado era por las peleas de sus padres... La alejé de mi...

La quería... y aún la quiero...

Entonces oí el sonido de una puerta cerrarse. Pero estaba demasiado sumido en mi candado como para darle importancia.

La anciana se acercó a una pared y me invitó a que fuera con ella. Allí había un espejo enorme de cuerpo entero.

- Mírate.

Obedecí...

Allí estaba, mi reflejo. Con los ojos rojos de llorar, pero con un amago de sonrisa sincera.

Con un Psicocandado abierto.
***
Los años se suceden, y los candados y las señales han llenado los míos desde aquel día: el día que renací como Empático Puro.

Mi propio candado pasó de separarme de mi mismo a unirme a los demás. Ahora comprendo mejor como se siente la gente, puesto que yo mismo he estado encadenado.

Nunca más rompí un Psicocandado.

Desde que me encontré a Minerva, la Empática que me ayudó a abrir mi Psicocandado, he ido a visitarla todas las semanas hasta que, hace unos días, falleció. Nunca vi en ella un candado que no estuviera abierto.

A pesar de que aún soy bastante joven, Minerva me cedió antes de morir una responsabilidad: que guiara a los Empáticos que no quieran aceptar su don.

- Recuerda - me dijo - que si el mundo es como es no es por la gente mala que hay, sino por la gente buena que no hace nada. Recuérdate a ti mismo, delante de ese estanque del que me has hablado, con tu Psicocandado. Tú eres un Empático, quizá de los mejores que he conocido, pero a la vez eres una persona más. Eres especial y común. Y eres el único que puede ayudar a despertar a los que son como nosotros en el camino correcto.

Minerva tenía muchos contactos en todo el mundo. Ahora, ellos son mis contactos. Phoenix Justice, el Empático Sensible americano, amigo de toda la vida de Minerva y que vive ahora en la que fuera su casa, me informó el otro día de que sospechaban de una posible poderosa Empática en algún lugar cercano, en el pueblo en el que vivimos.

Es por eso que hoy escribo estas líneas. He decidido darle a esa persona parte de lo que oculta mi candado abierto. Quizá así ella pueda despertar a su don como yo lo hice..."

Una joven morena, de unos veinte años de edad, dobla las hojas de una larga carta que le ha llegado de alguien a quien no conoce...

Alguien a quien creía haber olvidado.

Una sonrisa se dibuja en su rostro.

- Yo también te sigo queriendo... Te quiero desde que te vi, te quería cuando nos alejamos, y te quise cuando te seguí hasta aquella casa y escuché lo que le decías a esa anciana...

Lorena cerró los ojos. Y tomó una decisión.

Sería él el que abriera su candado...

Y luego nunca más habría cadenas entre los dos.

4 de agosto de 2011

Ecos de Tol'Emac

Os presento hoy mi último relato, de inspiración medieval....

Vale, y un poquito romana.

30 de marzo de 2011

Siete mil millones de futuros

Ha pasado un año desde que me presenté con La lucha contra Kronos al premio de narrativa que se celebra anualmente en mi instituto. El límite de dos carillas me obligó a reducir ese relato y, la verdad, me quedé bastante insatisfecho con el resultado final.

Este año, el tema escogido para la redacción es el futuro. Y creedme, he sudado la gota gorda para escribir mi relato.

Al final he optado por una especie de reflexión que he titulado Siete mil millones de futuros. Aquí os la dejo.

26 de enero de 2011

"La Biblioteca de Babel", de Jorge Luis Borges

Aunque este texto ya tiene su tiempo, me pareció interesante ponerlo aquí porque da bastante que pensar si sacamos paralelismos entre la existencia en la Biblioteca y nuestras propias vidas.

22 de septiembre de 2010

Pensamientos

El relato que viene a continuación es mi última "creación" literaria, que usaré una vez más para presentar a concurso. Dado que tiene varios narradores, los diferencio, como otras veces he hecho, por color.

Nada más que añadir ;)

10 de julio de 2010

El mundo de las letras

Os presento hoy mi último relato. No daré introducción al mismo, como suele ser costumbre, porque es bastante autoexplicativo.

25 de mayo de 2010

Milagres/Milagros

Hoxe, para variar, vou a escribir unha entrada bilingüe. O motivo é que me presento ao concurso de microrrelatos (600 caracteres) en galego do meu instituto. Así pois, vou poñer o relato nambalas dúas linguas, para quen teña interese en coñecer o galego.

Hoy, para variar, voy a escribir una entrada bilingüe. El motivo es que me presento al concurso de microrrelatos (600 caracteres) en gallego de mi instituto. Así pues, voy a poner el relato en ambas lenguas, para quien tenga interés en conocer el gallego.

18 de mayo de 2010

Crónicas de un Hunter: Capítulo 1

He decidido empezar hoy con los capitulos numerados de mi Fan Fic "Crónicas de un Hunter". Hoy retomaré la narración de lo que le sucedió a Hunter tras escapar con vida del Lagiacrus.

¿Algo que objetar? Como aunque la respuesta sea si me da igual, ampliad la entrada ;)

4 de mayo de 2010

Crónicas de un Hunter: Prólogo

Llevaba ya un tiempo con la idea de hacer un Fan Fic acerca del Monster Hunter Tri, y hoy por fin me he animado a escribir el prólogo del mismo.

No prometo escribir con regularidad, porque sé que no lo haré, así que simplemente os dejo el prólogo y os pido que me comentéis =3